En el campanario de una catedral, Mack-Wan descubre a un niño mutilado cuyo rostro ha sido destrozado por manos criminales. Sus orejas han desaparecido, su nariz está achatada, sus ojos sobresalen terriblemente.
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En el campanario de una catedral, Mack-Wan descubre a un niño mutilado cuyo rostro ha sido destrozado por manos criminales. Sus orejas han desaparecido, su nariz está achatada, sus ojos sobresalen terriblemente. El misterioso personaje lo toma bajo su protección y lo convierte en su hermano. Así comienza una historia de rescate que lo llevará a desentrañar un tenebroso tráfico de menores, a un potentado que contrató la mutilación de su propio sobrino heredero, y a enfrentarse con fuerzas invisibles que operan en los subterráneos de la ciudad.
En el silencio de un campanario, en medio de la penumbra, Mack-Wan entra en contacto con lo inimaginable. Un niño se presenta ante él, y el terrible invencible, por un momento, lo acerca amorosamente a sus labios para besarlo en la frente. Pero algo lo detiene. El horror llena su rostro. Enciende una lámpara y dirige la luz hacia el pequeño rostro: lo que ve lo deja sin palabras. El muchacho, llamado Jim, ha sido mutilado de manera sistemática. No posee orejas. Su nariz ha sido aplastada terriblemente. Sus ojos saltones amenazan con salirse de las órbitas. Su piel entera presenta cicatrices como si hubiera sido cortada a cuchilladas.
Así comienza una investigación que lo llevará desde los subterráneos de la ciudad hasta los despachos de hombres poderosos. Jim no estaba solo. Otros niños habían sido raptados, mantenidos prisioneros en casas secretas, sometidos a mutilación deliberada. Todo apunta a una banda llamada Las Tres Garras, organización criminal que trabaja por encargo de aquellos con dinero suficiente para comprar los servicios de la maldad.
La indagación de Mack-Wan lo conduce al doctor Hinrik, un millonario que había contratado el rapto del propio sobrino heredero. Jim era dueño de una fortuna de cien millones, pero en el testamento de su padre existía una cláusula crucial: si Jim moría, la totalidad pasaba a su tío. La solución para el ambicioso Hinrik era convertir al muchacho en ser desaparecido, desfigurado, incapaz de reclamar lo que le pertenecía.
Pero Mack-Wan no es un hombre ordinario. Cuando trepa por las paredes de edificios de diez pisos como lagartija colosal, cuando arranca garfios de hierro del muro con fuerza bruta, cuando enfrenta fuerzas misteriosas que actúan desde las sombras, la verdad comienza a asomar. En los subterráneos bajo la ciudad, en túneles húmedos y tenebrosos, aparecen presencias invisibles que compiten por el control del territorio. Seres que halan enemigos desde el vacío, que desaparecen cuando intenta asirlos.
Jim encuentra en Mack-Wan no solo un rescatador, sino un hermano. Juntos, desde el techo del ábside de una catedral, vigilan y esperan. La noche traerá respuestas sobre quiénes son realmente Los Tres Garras, y qué misterio oscuro puede haber perseguido a Mack-Wan desde su infancia.
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