Un automóvil toma por error una calle de sentido equivocado en Atenas. El conductor ve entonces el Partenón iluminado en la noche, flotando como una llamarada blanca que lo sorprende.
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Un automóvil toma por error una calle de sentido equivocado en Atenas. El conductor ve entonces el Partenón iluminado en la noche, flotando como una llamarada blanca que lo sorprende. Esta visión accidental inaugura una reflexión sobre la distancia que guardamos de las cosas que exaltamos, sobre cómo la belleza y la importancia nos intimidan e inmovilizan. El narrador es un ejecutivo que vive en tránsito constante, cruzando el mundo insensible a los paisajes, hasta que un barco lo lleva a una isla griega donde lo esperan su esposa y su hijo. Allí, en el silencio caluroso de un pueblo de blancas casitas, la familia se reúne brevemente en una geografía de cercanías y lejanías que define la trama invisible de sus vidas.
Un automóvil toma por error una calle de sentido único en dirección contraria en Atenas. De pronto, el Partenón iluminado aparece ante el conductor como una llamarada blanca en la oscuridad, una visión tan sorprendente que lo obliga a frenar, precipitando a sus acompañantes contra el salpicadero. Este encuentro accidental inaugura una novela sobre la distancia y la proximidad, sobre cómo lo que veneramos nos intimida y nos paraliza.
El narrador es un ejecutivo en tránsito permanente, integrante de una subcomunidad de viajeros de negocios que envejecen en aeropuertos y aviones, acumulando un extraño saber sobre rutas aéreas, niveles de seguridad y ciudades peligrosas. Durante largo tiempo evitó subir a la Acrópolis: su masa sombría, el peso insoportable de lo que representa, lo intimidaban. Prefería vagar por la ciudad moderna, imperfecta, ruidosa. Pero aquella noche accidental le muestra que no puede escapar de la presencia vigilante de la antigüedad griega.
Días después, toma un barco hacia Kouros, una isla de las Cícladas donde viven su esposa Kathryn y su hijo Tap. En aquel pueblo de calles serpenteantes y casitas blancas, encuentra un mundo detenido en el calor del mediodía. Kathryn redacta informes sobre excavaciones arqueológicas. Tap, de nueve años, escribe una novela. El encuentro familiar es breve, cotidiano, desprovisto de dramatismo. Hablan sobre palabras griegas, sobre personajes literarios, comparten pistachos en la azotea mientras ven el sol poniente sobre el mar. La novela captura los matices de estas vidas en geografías separadas, la forma en que la distancia define incluso los momentos de cercanía.