A la una de la madrugada, Jacques fuma en el alféizar de la ventana en calzoncillos y gorro de dormir, escuchando París. Es agosto de 1939, el día en que Hitler y Stalin firman su pacto.
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A la una de la madrugada, Jacques fuma en el alféizar de la ventana en calzoncillos y gorro de dormir, escuchando París. Es agosto de 1939, el día en que Hitler y Stalin firman su pacto. Así comienza el diario de Marcelle Jaujard, esposa del director de los Museos Nacionales, un testimonio que mezcla la vida privada de la pareja con los acelerados preparativos de evacuación de las colecciones del Louvre ante la inminencia de la invasión.
En las últimas semanas de agosto de 1939, París se despierta en la incertidumbre. Las sirenas antiaéreas suenan, los sacos de arena rodean el Louvre, y la firma del pacto Hitler-Stalin confirma lo que todos temen: la guerra está llegando. Dentro de este caos histórico, Marcelle Jaujard escribe su diario íntimo, un documento que une lo privado y lo épico con franqueza inusual. Su marido Jacques, director de los Museos Nacionales, ya no regresa a casa: duerme en un catre de campaña en el museo, trabaja sin descanso coordinando la mayor evacuación de obras de arte jamás realizada. Marcelle, sola en el apartamento, desarrolla rituales de amor en la ausencia, rituales que mezclan sensualidad y angustia: danza alrededor de la cama donde dormía Jacques, toca su ropa, enciende velas, invoca su regreso como si el cuerpo pudiera retenerlo. Pronto ella misma será convocada. Junto a Louise Leloup, responsable de pinturas del siglo XVIII, supervisará el traslado de miles de obras maestras hacia el castillo de Chambord, fortaleza renacentista en el Loire que se convertirá en refugio silencioso de La Gioconda, Las bodas de Caná, El Recién nacido de La Tour. El diario se convierte en registro frenético: embaladores en overoles malva descuelgan telas de setenta metros cuadrados, expertos etiquetan obras con códigos de colores según importancia, camiones de circo se preparan en el patio del museo. Hay momentos de extrema ternura: Marcelle leyendo una pintura de La Tour bajo la linterna de Jacques, sintiendo cómo el arte la inunda de deseo y devoción. Hay momentos de angustia: empleados que abandonan vacaciones y familias para regresar al museo. Es testimonio de cómo la cultura resiste la barbarie, cómo los cuerpos y sentimientos persisten en medio de la evacuación, cómo el amor por el arte y el amor de pareja se entrelazan cuando todo está a punto de desaparecer.