Solidea mira por el escaparate de la librería donde trabaja la imagen de Matteo en la tienda de animales de enfrente. Nueve años de relación con él terminaron de forma repentina, y con ello se fue también su seguridad en el futuro.
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Solidea mira por el escaparate de la librería donde trabaja la imagen de Matteo en la tienda de animales de enfrente. Nueve años de relación con él terminaron de forma repentina, y con ello se fue también su seguridad en el futuro. Ahora, con veinticinco años, vive en un piso heredado donde paga impuestos, trabaja como dependienta entre papeles y carpetas, y experimenta la sensación profunda de haber desperdiciado su vida. Rodeada de una familia caótica que se reparte en dos plantas de un edificio romano, entre una madre exigente y una abuela nonagenaria de carácter inquebrantable, Solidea se debate entre la realidad cotidiana y los sueños que nunca cumplió. Una novela sobre el desamor, la soledad en medio del ruido familiar y los hubiera podido que persiguen a quien cree haber llegado tarde a su propia vida.
Solidea contempla desde el mostrador de la librería materna la tienda de animales que atiende Matteo, su ex novio de nueve años. La separación fue repentina: él vendió un cachorro a una cliente que entró por error, y en esa transacción se disolvió todo lo que ella había construido junto a él—los sueños, los proyectos, la promesa de un amor que no tenía que terminar. Con veinticinco años, Solidea habita un piso que su abuelo legó a su madre bajo la condición de que fuera para el primer hijo que se casara. Ella no se casó, pero vive allí de todas formas, confrontando diariamente con la soledad de la independencia. Paga impuestos, recibos, trabaja en la librería-papelería familiar como simple dependienta, rodeada de folios, gomas de borrar y cajas de papel que nadie derrumbará jamás. A su alrededor, sus hermanos menores parecen tener destinos claros: Clotilde es la mejor de su clase y será médica; Luca irá directamente a la universidad. Ella, en cambio, carga con la sensación de haberse despertado tarde. El hogar de Solidea es un universo caótico repartido en dos plantas de un edificio en el barrio Prati de Roma. En la planta superior reina la abuela de noventa y uno años, una mujer de fe inquebrantable que se mueve dentro de un andador trazando cada día el mismo recorrido, que habla con el abuelo muerto como si estuviera a su lado y escribe cartas que jamás serán leídas. Las cenas familiares son pantagruélicas y estrechantes, llenas de miradas de compasión. El profesor Bonelli, un intelectual de otra época que es cliente regular, le recuerda que pudo haber estudiado en la universidad. Pero no lo hizo. Entre las obligaciones de la tienda, los reclamos de su madre y la presencia constante de su ex novio al otro lado de la calle, Solidea sueña con escapar hacia un mundo lejano. Pero mientras tanto, alguien siempre le pide que baje paquetes del almacén.