Bajo el roble centenario de Oak Park, Catalina corre persiguiendo la felicidad de su infancia junto a Piers Leigh. Décadas después, exiliada en Santo Domingo, guarda un silencio pertinaz sobre un pasado que la lacera: la guerra que…
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Bajo el roble centenario de Oak Park, Catalina corre persiguiendo la felicidad de su infancia junto a Piers Leigh. Décadas después, exiliada en Santo Domingo, guarda un silencio pertinaz sobre un pasado que la lacera: la guerra que incendió su hogar inglés, el amor perdido y el exilio a las Indias. Atrapada entre dos mundos y dos idiomas, la protagonista revive sus recuerdos como una bruma que torna y retorna, marcada por traumas que el tiempo no logra sanar.
Amanece en Santo Domingo en 1655. Catalina de Montemayor y Oquendo habita la casa de su tío, un oidor decano de la Real Audiencia, pero apenas participa del mundo que la rodea. Los criados la observan con lástima, los médicos le practican sangrías, los frailes dominicos le echan agua bendita. Sospechan que la guerra la ha enloquecido o embrujado; ella prefiere guardar silencio.
En sus sueños retorna a Oak Park, la mansión de piedra donde transcurrió su infancia. Recorre los pasillos de nuevo, siente el sol atravesando las ramas del roble centenario, escucha la risa de Piers Leigh, su compañero de aventuras. Eran los dos inquietos, hechos el uno para el otro, de ese humor que permite entenderse casi sin hablar. Juntos exploraban los campos, se colaban en las cocinas, descubrían pasadizos secretos. Mientras Inglaterra se desgarraba en la guerra civil, ellos jugaban a ser inmortales.
Pero la guerra llegó hasta Oak Park. Los parlamentarios incendiaron la casa, destruyeron el parque. Piers desapareció. Y Catalina, la niña de sangre vasca que había aprendido a ser inglesa, fue arrancada de esa vida y enviada al exilio en las Indias Occidentales.
Ahora, décadas después, la joven mujer yace en su habitación con las cortinas cerradas, perseguida por recuerdos que la atormentan. Solo Josefina, la esclava sanadora que llegó a su vida, logra sacarla del abismo con su presencia serena y sus historias de África. En esos momentos, cuando la negra le acaricia la mano mientras ella mira al techo de vigas de madera, Catalina siente que quizá el dolor y la tristeza puedan encontrar un equilibrio.
Así comienza una novela de memorias entrelazadas: la infancia radiante en Oak Park donde el amor germinaba sin nombre, y el presente sombrío en Santo Domingo donde ese amor se ha convertido en una herida que no cierra. Entre ambos tiempos, la historia de una guerra que lo destruyó todo, de un exilio forzoso, y de cómo la memoria se convierte a la vez en refugio y en prisión para quien no puede hablar de lo que más le duele.