Doña Paula lleva sesenta años sin salir a la calle, viuda desde el primer día de su matrimonio. Vive en una casa anticuada de Madrid donde paga a una pareja para que la visite, porque dice que así evita los problemas de las visitas reales.
Descargar
Doña Paula lleva sesenta años sin salir a la calle, viuda desde el primer día de su matrimonio. Vive en una casa anticuada de Madrid donde paga a una pareja para que la visite, porque dice que así evita los problemas de las visitas reales. Su hermana Matilde llega con su hijo Marcelino, un hombre tímido y provinciano que ha conocido a una chica en la capital. Con ilusión, preparan el encuentro esperando a una muchacha moderna. Cuando llega Maribel, es evidente que nada será como esperaban.
La casa de la calle de Hortaleza, en Madrid, es un espacio congelado en el tiempo. Sus muebles no han sido cambiados en sesenta años. Las cortinas siguen siendo las mismas. Todo está limpio y reluciente, pero transmite una sensación de abandono temporal, como si el tiempo se hubiera detenido en algún momento perdido. Dentro de ella, doña Paula, una mujer de edad avanzada que no ha salido a la calle en seis décadas, escucha a Elvis Presley con arrobamiento. Lleva sesenta años sin pisar la calle desde que quedó viuda, apenas un día después de casarse. Para no estar sola, paga a una pareja modesta cincuenta pesetas para que la visite dos veces por semana y la escuche hablar durante media hora. Cuando llega su hermana Matilde, trae esperanzas renovadas. Su hijo Marcelino vive en un pueblo de Cuenca dirigiendo una fábrica de chocolatinas. Pero en Madrid ha conocido a una chica y quiere presentársela a la familia. Para las dos hermanas, esto representa una oportunidad luminosa: la nueva generación, esa que ellas admiran, esa que tiene libertad e iniciativa, esa que ellas nunca tuvieron. Por eso preparan la casa con ilusión delicada: suben las persianas para que entre más luz, buscan ceniceros, preparan ginebra para hacer gin-fizz. Marcelino llega primero. Es un hombre tímido, provinciano, incómodo en los bares y los ambientes urbanos de la capital. Confiesa su nerviosismo a las tías, que lo tranquilizan con palabras de ánimo. Cuando por fin suena el timbre, entra Maribel. No hay equívoco posible en lo que ven: es una mujer joven que trabaja en bares, una profesional que no pretende disimularlo. Viste de forma llamativa, su peinado es llamativo, sus zapatos también. Su actitud es natural y directa, sin fingimiento. Observa la casa anticuada con extrañeza, como si fuera un museo, y casi de inmediato sugiere que hubieran ido a otro lado, a su pensión donde hay cortinas nuevas de cretona con flores y todo es mucho más alegre. En ese encuentro está el verdadero drama de la comedia: el choque frontal entre dos universos que no pueden comprenderse. Lo que las tías ven como modernidad desenvuelta, Maribel lo vive simplemente como su vida. Lo que para Paula y Matilde es esperanza de cambio y alegría, para Maribel es apenas otro encuentro más. La ilusión y la realidad se dan la mano, pero hablan idiomas distintos.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.