La momia de Juan Prim yace bajo el Alcázar de Toledo cuando investigadores abren sus ataúdes centenarios. Mediante técnicas forenses contemporáneas, descubren que el general no murió de sus heridas en la calle del Turco, sino estrangulado…
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La momia de Juan Prim yace bajo el Alcázar de Toledo cuando investigadores abren sus ataúdes centenarios. Mediante técnicas forenses contemporáneas, descubren que el general no murió de sus heridas en la calle del Turco, sino estrangulado después en su palacio. La investigación desmiente la narrativa oficial: quien lo remató pudo haber sido el regente del reino, en un caso sin precedentes de un jefe de Estado asesinando al presidente del Gobierno.
Hace ciento cuarenta y dos años, en la calle del Turco de Madrid, cayó acribillado el general Juan Prim y Prats, jefe del Gobierno y ministro de la Guerra de España. Durante siglo y medio, la historia oficial narró que el militar murió de sus heridas en los tres días agónicos que siguieron al atentado. Pero cuando la Comisión Universitaria Prim de Investigación abre los ataúdes que protegían su momia en el Alcázar de Toledo, los hallazgos forenses revelan una verdad incómoda: Prim fue herido de muerte en el atentado, sí, pero no sucumbió por las balas.
Con las herramientas de la criminalística del siglo XXI—radiografías, tomografías, análisis de ADN—, el equipo multidisciplinar examina cada detalle: las ropas que vestía aquella noche fría, la berlina en que viajaba, los restos del cuerpo naturalmente momificado. Descubren que las heridas de fusilería fueron tan graves que lo dejaron inconsciente y en shock hipovolémico poco después de recibirlas. Las declaraciones, decisiones y frases que la historia le atribuye durante los tres días posteriores no pudieron haber venido de sus labios: fue un cadáver manipulado por sus asesinos, quienes mantuvieron su cuerpo formalmente con vida mientras tejían los cabos de su conspiración.
Cuando examinan marcas alrededor del cuello de la momia, los hallazgos adquieren mayor relevancia: signos de estrangulamiento con lazo. Prim fue rematado, probablemente en su palacio de Buenavista, por manos que la investigación vincula al regente Francisco Serrano y Domínguez. Si los resultados son correctos, España se enfrenta a un caso inédito en la historia moderna: un jefe de Estado eliminando deliberadamente al presidente del Gobierno.
El libro que el lector tiene ante sí es el resultado de una investigación académica rigurosa que no solo resuelve uno de los mayores misterios criminales de la historia española, sino que obliga a reescribir páginas enteras de la narrativa nacional. En un acto de justicia tardía, la verdad sobre Juan Prim regresa después de décadas de silencio y manipulación.