En el puerto de Buenos Aires, mediados del siglo dieciocho, don Antonio Velazco cumple sus funciones de oficial real inspeccionando un navío negrero.
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En el puerto de Buenos Aires, mediados del siglo dieciocho, don Antonio Velazco cumple sus funciones de oficial real inspeccionando un navío negrero. En la bodega asfixiante de la fragata Elizabeth aguardan trescientos veinticinco esclavos destinados a los trabajos del virreinato. Mientras examina la mercancía humana, Velazco negocia sobornos con capitanes ingleses y conspira con comerciantes rivales. La novela despliega una Buenos Aires colonial donde el poder se ejerce en los despachos aduanales, los muelles y las mesas de la elite. Un relato sobre las maniobras oscuras que sostienen el imperio.
La fragata Elizabeth llega al puerto de Buenos Aires cargada con trescientos veinticinco esclavos africanos. Don Antonio Velazco, funcionario del Virreinato del Río de la Plata, debe inspeccionar este cargamento humano y autorizar el desembarco. Desciende a la bodega donde los cuerpos se amontonan en la oscuridad, entre hedor y cadenas. Algunos agonizantes, otros ya sin vida. El cirujano examina axilas, ingles y dedos para detectar pestes. Velazco negocia con el capitán inglés, hace vista gorda ante depósitos de contrabando, y sella la autorización a cambio de un soborno discreto. De regreso en tierra, Velazco transita una Buenos Aires donde los conflictos políticos se cocinan en cada esquina. Manuel de Sarratea, apoderado de la Real Compañía de Filipinas, se debate cuando el Cabildo le niega usar El Retiro como depósito de esclavos. Los argumentos de insalubridad sirven de coartada para rivalidades comerciales. Velazco ofrece mover sus contactos en el Cabildo. Los negocios coloniales funcionan así: con funcionarios sin escrúpulos, dinero que cambia manos en la penumbra, decisiones que se toman lejos del alcance formal. En casa de su hermano Fernando, Velazco alza su voz mientras se atiborran de carnes y vino francés. Fernando protesta por los arreglos políticos que lo arruinan: ha perdido la concesión de alumbrado público ante Taybo, favorecido por el virrey. El joven Augusto apenas sigue las conversaciones entre adultos. La novela revela una sociedad donde el tráfico de esclavos es negocio ordinario, donde los funcionarios son cómplices silenciosos, y donde el poder colonial descansa sobre sobornos y complicidades. Una historia de conspiración moral: la que sostiene un sistema donde la corrupción lubrica la máquina imperial.
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