Rafael Castelli persigue la silueta de una mujer en las calles navideñas de Charlottesville que le recuerda a Lily, su hermanastra, muerta hace cinco años en un accidente en California.
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Rafael Castelli persigue la silueta de una mujer en las calles navideñas de Charlottesville que le recuerda a Lily, su hermanastra, muerta hace cinco años en un accidente en California. Cuando finalmente ve su rostro bajo la farola, la certidumbre lo golpea: Lily está viva. Pero la mujer que lo mira con confusión insiste en ser Alison Herbert, una desconocida que lo ve como un acosador. Entre el beso apasionado de su reencuentro y la negación de ella, se abre un abismo de misterio sobre lo que sucedió durante esos cinco años perdidos.
Rafael Castelli, presidente en funciones de las históricas bodegas Castelli, llega a Charlottesville, Virginia, en una tarde de diciembre con un propósito comercial: explorar los viñedos locales para expandir el alcance de su imperio familiar. Durante cinco años ha cargado con un peso que lo ha transformado: la muerte de Lily Holloway, su hermanastra, en un accidente de tránsito en la costa de California. Desde entonces ve su rostro en desconocidas por las calles, fantasmas de un amor que estuvo condenado al secreto desde el principio, cuando ella tenía apenas diecinueve años.
En las calles navideñas del centro comercial, mientras intenta calentarse con un espresso en una cafetería, la ve. No es el rostro completo, solo ese inconfundible contoneo de caderas, esa forma de caminar que reverberaba en su memoria. Se levanta, sale a perseguirla entre la multitud, seguro de que una vez más encontrará una desconocida cuya silueta lo engañó. Pero esta será diferente.
Cuando la farola ilumina su rostro, Rafael se detiene. Esa forma de corazón, esas mejillas esculpidas, esos ojos azules que recordaba del cielo de San Francisco. Es ella. Lily. Viva.
Sin pensar, la besa con la urgencia de cinco años de duelo confundido. La besa como si pudiera recuperar el tiempo perdido en ese momento. Pero cuando se aparta, ella no se derrite contra él como lo hacía años atrás. En su lugar, una mujer desconocida lo mira con pánico, le ordena que la suelte, le advierte que llamará a la policía si se acerca. Se llama Alison Herbert. Jura no conocerlo.
Rafael se enfrenta a lo imposible: la mujer que tiene al frente es Lily en cada detalle, desde el tatuaje de lirio en la cadera derecha hasta la aversión al marisco. Pero ella niega serlo. Mientras él se debate entre la euforia de encontrarla viva y la confusión ante su negación, se abre una pregunta que lo consume: ¿dónde estuvo Lily durante estos cinco años? ¿Por qué pretende no conocerlo? ¿Quién es realmente la mujer que está frente a él?