Samuel, apodado Campbell por su cabello rojo, es un niño de casi diez años que vive con su abuela desde la muerte del abuelo. Su vida discurre entre la escuela, donde sufre acoso de un compañero mayor, y el hogar donde su madre nerviosa…
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Samuel, apodado Campbell por su cabello rojo, es un niño de casi diez años que vive con su abuela desde la muerte del abuelo. Su vida discurre entre la escuela, donde sufre acoso de un compañero mayor, y el hogar donde su madre nerviosa trabaja ausente. Un mes antes de cumplir diez años, descubre que su abuela guarda secretos: alguien llamado en alemán, alguien que debe cuidar antes de que sea demasiado tarde. Su madre amenaza con marcharse. A través de los ojos de un niño observador, emerge una historia de relaciones tensas donde los adultos no son tan fuertes como aparentan.
La mañana del diecinueve de noviembre, una abuela aguarda en la puerta del colegio, plantada firmemente con los brazos en jarras, anclada como si fuera una escalera. Samuel la observa desde dentro de los muros escolares, sabiendo que ningún niño logará derribarla, ni siquiera los de sexto. Todos lo llaman Campbell, un apodo surgido de su cabello rojo y que la abuela, andaluza, pronuncia sin la ese final. Samuel es un niño de quinto, casi cumple diez años, y tartamudea cuando está nervioso. Vive con su abuela desde que murió el abuelo, cuando era tan pequeño que no guarda recuerdos. Su madre trabaja todo el día en una oficina, nerviosa y cansada, incapaz de cuidarlo como la abuela lo hace. Su padre viaja constantemente. La casa pertenece a la abuela, aunque su madre la haya decorado con muebles de IKEA, y allí se desarrolla la rutina diaria: el portazo matutino como señal convenida, las tostadas integrales frías, el Cola Cao por la tarde, las historias que consuelan. Pero en noviembre, Campbell comienza a notar que hay secretos nuevos. Su abuela y la madre del Moha, su mejor amigo, hablan en alemán en un banco del camino a casa, usando palabras clave como si fueran espías. La abuela menciona a alguien llamado herz, corazón en alemán, alguien que debe ser cuidado antes de que sea demasiado tarde. Campbell, con su instinto de detective, siente que algo importante ocurre en los bordes de su mundo adulto. En la escuela, un abusón de sexto lo acosa sin piedad. Lo llama zanahorio, lo tumba en el patio, le pide que nombre la alineación del Barcelona sin tartamudear, sabiendo que no puede. Campbell siente cómo se le hace una bola en el estómago, cómo se le seca la garganta. Solo el Moha lo entiende. Durante una fiesta en el colegio, la abuela lo invita a ser su sombra. Campbell descubre entonces cómo son sus días cuando se queda sola: enciende los radiadores que su madre apaga para ahorrar, come mermelada light que odia, se pone su bata rosa de lana. Descubre también que en su casa hay una lucha constante: su madre corrige constantemente a la abuela, le da órdenes, la trata como una niña. La abuela pide perdón una y otra vez. Dice que tiene un corazón débil. Falta un mes para que Samuel cumpla diez años. Su abuela promete una fiesta a lo grande, pero es un secreto guardado de su madre. Campbell sabe que hay más secretos: en las conversaciones a media voz, en las amenazas silenciosas. Sabe que los adultos no son tan fuertes como pretenden.