Un sábado por la mañana, Jake Duluth desayuna en cama cuando su hijo Bill lo llama tras cuatro meses sin verse. La conversación que sigue trastoca el frágil equilibrio que Jake ha construido desde el suicidio de su esposa Felicia, tres…
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Un sábado por la mañana, Jake Duluth desayuna en cama cuando su hijo Bill lo llama tras cuatro meses sin verse. La conversación que sigue trastoca el frágil equilibrio que Jake ha construido desde el suicidio de su esposa Felicia, tres años atrás. Bill quiere dinero para seguir a Roma a Sylvia Rymer, una escritora que ha ganado una beca Guggenheim. Jake debe decidir entre permitir que su hijo busque su propio camino o mantenerlo bajo su influencia. La llegada de un telegrama de su mejor amigo Ronnie —anunciando un casamiento inesperado— complica aún más un momento ya tenso.
Un sábado por la mañana, Jake Duluth desayuna en cama mientras su criada Leora le trae una bandeja y lo cuida como si fuera su madre. Hojea un manuscrito de novela que traía de la oficina cuando suena el teléfono: es Bill, su hijo, con quien no ha hablado en cuatro meses. Tras una conversación vacilante, Bill le anuncia que quiere visitarlo para compartir algo importante.
La tensión que rodea este reencuentro es palpable. Jake ha pasado los últimos cuatro meses adaptándose a la tranquilidad de la ausencia de su hijo, una tranquilidad estéril pero necesaria. Desde la muerte de Felicia, su esposa, hace tres años —quien se lanzó por una ventana en una mañana de junio—, Jake ha vivido entre la editorial que comparte con su amigo Ronnie Sheldon y el trabajo de reconstruirse a sí mismo. Bill encontró el cuerpo ese día, circunstancia que marcó el inicio de todas sus dificultades.
Cuando Bill llega, Jake descubre que ha decidido convertirse en escritor y vive en Greenwich Village. Su nueva vida lo ha puesto en contacto con Sylvia Rymer, una escritora talentosa que acaba de ganar una beca Guggenheim para pasar un año en Roma. Bill ha venido a pedir el dinero para un pasaje en barco —apenas trescientos dólares—, un viaje que él considera esencial para encontrarse a sí mismo lejos de todo lo que su padre representa.
Jake está atrapado entre la compasión y la incertidumbre. ¿Debería permitir que su hijo busque su propio camino? ¿O sería irresponsable soltar los hilos de su influencia? La mirada de Bill en este momento —esos ojos oscuros heredados de Felicia— lo desarmó completamente.
Entonces llega un telegrama de Ronnie. El eterno soltero se ha casado y llega al aeropuerto en cuestión de horas. Jake, trastornado, anuncia que debe partir de inmediato. Bill, furioso de sentirse abandonado nuevamente, ve cómo su padre elige a Ronnie sobre la decisión más importante de su vida. La discusión estalla en ira. Jake pierde el aplomo, Bill endurece su rostro. El momento ha sido envenenado.
Esta novela explora las complejidades de la culpa, el dolor heredado y la imposibilidad de los padres para comprender verdaderamente a sus hijos. Cada personaje carga con el peso del suicidio de Felicia, un hecho que ninguno menciona pero que permea todas sus relaciones.
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