Jimmy Merrick se despierta con malestar en su apartamento de Times Square. Después de su rutina matinal, va al bar de Mike para desayunar, donde se entera de una llamada urgente de su secretaria Alvia.
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Jimmy Merrick se despierta con malestar en su apartamento de Times Square. Después de su rutina matinal, va al bar de Mike para desayunar, donde se entera de una llamada urgente de su secretaria Alvia. Regresa a su oficina y encuentra a una mujer morena, seductora y peligrosa: Vera Jackson, ahora Vera Perkins. Ella lo contrata para un caso de divorcio, ofreciendo veinticinco mil dólares por buscar pruebas de infidelidad de su marido. Entre la seducción de Vera, los celos de Alvia y los primeros indicios de peligro, Merrick se ve atrapado en una trama que lo obligará a investigar más allá de lo conveniente.
Jimmy Merrick comienza un nuevo día como cualquier otro: despertarse de mal humor en su apartamento de Times Square, una ducha rápida, afeitarse. El investigador privado es un hombre acostumbrado a las rutinas y a los largos períodos de aburrimiento. Para sacudirse la melancolía, visita el bar de Mike, donde desayuna mientras conversa con el joven dueño del lugar. Mike aprovecha para sugerir que lo que realmente necesita es un buen asesinato, algo emocionante. Merrick sonríe, pero guarda para sí una verdad incómoda: el último caso de homicidio en el que intervino casi le cuesta la piel, y ahora el teniente Milton Duryea, de la Brigada de Homicidios, lo vigila constantemente, esperando poder inculparlo de algo.
Cuando Merrick se dispone a abandonar el bar, Mike revela lo que realmente quería contarle: su secretaria, Alvia Fenton, ha llamado temprano con un asunto que parece importante. Merrick corre hacia su oficina en la calle 49, ascendiendo al decimoctavo piso, ansioso por saber qué lo espera.
Lo que encuentra lo sorprende. En el despacho de Alvia, una mujer de pelo azabache y largas pestañas negras espera sentada en un sillón. Vera Jackson, o Vera Perkins como ahora prefiere ser llamada, es peligrosa en la manera más sedante: hermosa, segura de sí, con los gestos de alguien acostumbrado a conseguir lo que desea. Cuando se acerca a Merrick, saca un fino pañuelo de encajes de su bolso y, con una sonrisa provocadora, lo humedece y lo pasa por los labios del investigador, dejándole una mancha de lápiz de labios como evidencia de su poder.
Luego, sentada frente a la mesa de Merrick, Vera expone su propuesta. Está casada con un hombre adinerado al que considera un cerdo forrado de billetes. Hace meses abandonó el domicilio conyugal, y ahora quiere una separación que incluya una pensión vitalicia. El hombre es un mujeriego notorio que gasta una fortuna en encuentros con mujeres. Vera ofrece a Merrick veinticinco mil dólares —quince mil ahora, diez mil al finalizar— para que busque pruebas fotográficas de estos encuentros extramaritales. Es una propuesta que pocas personas podrían rechazar. Antes de irse, Vera deja en las manos de Merrick una llave pequeña de su apartamento en el 5008 de Madison Avenue, citándolo para que la visite mañana a la medianoche, donde le dirá el nombre completo de su marido.
Sin embargo, Merrick no está solo. Alvia Fenton, su secretaria, ha presenciado todo. La joven y rubia Alvia siente celos intensos, algo que no oculta. Cuando Vera finalmente se va, Alvia reacciona con hostilidad, refiriéndose a ella como una lagarta. La secretaria le ruega a Merrick que rechace el caso, que algo en esa mujer le parece peligroso. Para apaciguar la tensión, Merrick la invita a almorzar a un elegante restaurante de la Quinta Avenida, donde Alvia, confiada en sus propios encantos, intenta convencerlo de que olvide a Vera.
Pero Merrick, intrigado por los misterios que rodean a Vera Perkins, no puede descartar la propuesta ni ignorar las advertencias de Alvia. Desde una cabina telefónica, mientras Alvia lo espera en el reservado del restaurante, Merrick llama a su contacto Pool Danovan, un investigador que conoce los secretos más turbios de las familias de alto copete de Nueva York. Le pide que investigue a Vera Jackson, su actual vida como Vera Perkins, y su apartamento.