Bajo una ducha compartida con otras reclusas, Ruth intenta limpiar un cuerpo que no se siente lo suficientemente limpio. Años atrás, en Queens, sus mañanas eran rituales de transformación: se maquillaba lentamente para convertirse en sí…
Descargar
Bajo una ducha compartida con otras reclusas, Ruth intenta limpiar un cuerpo que no se siente lo suficientemente limpio. Años atrás, en Queens, sus mañanas eran rituales de transformación: se maquillaba lentamente para convertirse en sí misma, la camarera del bar, la madre de Frankie y Cindy. La novela oscila entre el presente carcelario, donde trabaja en la biblioteca, y los recuerdos de una vida marcada por la soledad, la maternidad solitaria y un matrimonio destruido. Una mañana de julio desmoronó todo.
Bajo una ducha compartida con otras diecinueve mujeres, Ruth frota la espuma verde del jabón barato mientras intenta convencerse de que está sola. Es el gesto más íntimo que le queda: limpiarse, frotarse la piel hasta que le escuece. Años antes, en otra vida, también se frotaba duro en un baño pequeño, pero entonces lo hacía avergonzada de su propio olor, castigándose mientras intentaba convertirse en algo presentable. Se maquillaba con rituales lentos: base, colorete, sombra, delineador, rímel. Cada trazo era un acto de construcción, de volverse visible, de ser Ruth.
Aquella Ruth vivía en Queens, criando sola a dos hijos pequeños, trabajando como camarera en un bar de mala muerte, durmiendo en sofás rodeada de botellas y ceniza. Su exmarido Frank había desaparecido de sus vidas años atrás. Los niños, Frankie y Cindy, eran su responsabilidad completa: limpios, alimentados, queridos. Ruth les leía historias, les compraba juguetes, los peinaba con cuidado cada mañana. Pero la soledad pesaba. El cansancio era infinito. Los vecinos juzgaban. Una mujer mayor con un vestido floreado intentó ofrecerle ayuda; Ruth le cerró la puerta en la cara.
Los días transcurrían en momentos alineados como cuentas de un rosario: despertarse, asearse, maquillarse, trabajar, regresar. Pero en la mañana de julio en que la novela se detiene, algo cambió. Descubrió que Frank vivía en una habitación compartida de una residencia, sin siquiera una casa decente que ofrecerles. Y en ese momento de comprensión, en la decadencia final de una esperanza que ni sabía que guardaba, algo en Ruth se rompió. Ahora, años después, empuja un carrito de libros por los pasillos de una cárcel, mirándose en un espejo minúsculo, buscando rastros de quien fue.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.