Un niño juega a videojuegos con dos amigos compartiendo ratón y teclado. Así comienza este viaje por la neurociencia y los videojuegos, donde un neurocientífico que estudió tumores cerebrales por el día y jugó por las noches examina la…
Descargar
Un niño juega a videojuegos con dos amigos compartiendo ratón y teclado. Así comienza este viaje por la neurociencia y los videojuegos, donde un neurocientífico que estudió tumores cerebrales por el día y jugó por las noches examina la pregunta fundamental: ¿por qué jugamos? A través del análisis del cerebro humano, la historia de la neurociencia moderna y datos económicos que desmienten mitos, la obra propone que los videojuegos merecen ser tomados en serio.
En el recuerdo de una fotografía se aloja el inicio: dos amigos de la infancia y el autor, todos de alrededor de diez años, rodeando una computadora primitiva donde se reparten controles como piezas de un rompecabezas compartido. Así comienza una obra que entrelaza neurociencia y videojuegos. El autor, quien dedicó sus días a estudiar la formación de tumores cerebrales y sus noches a jugar en el salón con compañeros de piso en Barcelona, plantea una pregunta que parece ingenua pero es profunda: ¿por qué jugamos? Los videojuegos han sido históricamente descartados como pérdida de tiempo, frivolidad condenable. Pero ¿qué dicen los números? La obra primero desarma nociones falsas sobre el cerebro humano. No poseemos el órgano más grande del reino animal —los cachalotes nos superan—, pero contamos con aproximadamente 172.000 millones de neuronas en una masa que apenas pesa 1,3 kilos. Este pequeño universo nos permitió compensar nuestras carencias físicas con inteligencia, tecnología y cultura. Paralelamente, el texto expone cifras económicas que contradicen la percepción de los videojuegos como entretenimiento marginal. La industria genera ingresos que en muchos países superan los del cine y la música combinados. Es masiva, integrada por jugadores de ambos sexos y todas las edades. Luego, el autor traza los hitos de la neurociencia moderna: Paul Broca descubriendo que daños cerebrales localizados producen déficits específicos; Santiago Ramón y Cajal revelando las sinapsis; la Resonancia Magnética Funcional permitiendo ver el cerebro en acción. Estos descubrimientos establecen el marco científico desde el cual los videojuegos pueden finalmente estudiarse como merecen.