El alarido de alerta estalla en el amanecer apacible. Una isla estratégica es atacada sin previo aviso; el mando, adormecido en su negligencia, ha dejado a los soldados desprevenidos.
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El alarido de alerta estalla en el amanecer apacible. Una isla estratégica es atacada sin previo aviso; el mando, adormecido en su negligencia, ha dejado a los soldados desprevenidos. El sargento mayor Matt Lunnigan, veterano de combate, debe escapar mediante el ingenio cuando el desembarco enemigo arrasa la guarnición. Su huida en una canoa requisada lo lanza a un océano donde la supervivencia dependerá de sus decisiones y de la convivencia con otros náufragos cuyas prioridades amenazan con sabotear a todos.
El amanecer en una pequeña isla del Pacífico se quiebra con gritos de alarma: los japoneses desembarcan. El sargento mayor Matt Lunnigan, soldado de experiencia tras su paso por Guadalcanal, despierta en el caos. La negligencia del coronel Black y su estado mayor, adormecidos en la falsa seguridad de una isla remota, han dejado la guarnición completamente desprevenida. Las defensas se derrumban ante el fuego de cobertura de los buques de guerra enemigos; los cañones destrozan cabañas, las ametralladoras tajan a los hombres desorganizados, los cazas japoneses barren la playa.
En minutos, todo se pierde. El coronel y sus oficiales caen en los primeros asaltos. Con el puesto de mando consumido por las llamas y sus hombres rindiéndose o cayendo, Lunnigan entiende que el desastre era inevitable, fruto de meses de relajamiento absoluto que había advertido sin ser escuchado. No piensa en la captura: un campo de prisioneros significaría años de hambre y cautiverio. Elige huir.
Durante la noche, aprovechando la penumbra lunar, Lunnigan roba una canoa que custodia un marinero enemigo. Un golpe certero, el arranque del motor, la fuga a través del océano bajo un fuego que no alcanza. Se ve así en alta mar, navegando hacia el sur, consumiendo combustible, ignorante de si logrará alcanzar tierra habitada. Pero cuenta con víveres, agua, una lona para el sol implacable. Cuenta con su ingenio y su experiencia.
Horas después, descubre náufragos en una balsa neumática. Compatriotas, entre ellos un teniente herido y dos mujeres jóvenes: Molly Baxter, enfermera de expresión cálida, y Celia Clyburn, de porte delicado. También está el capitán Wirton, quien toma el mando de la embarcación con una autoridad que raya en lo despótico, consumiendo víveres sin reparo mientras sus subordinados y los náufragos ayunados esperan su turno. La balsa es hundida. El espacio en la canoa se vuelve estrecho. La supervivencia ahora depende de algo más que de recursos: depende de la capacidad de coexistir cuando los intereses chocan.
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