En su apartamento de Times Square, Jack Jordan abre la correspondencia de la mañana y encuentra dos invitaciones a una boda en Connecticut. Su esposa Trudy, radiante, ha aceptado ya la invitación, ansiosa por conocer la legendaria mansión…
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En su apartamento de Times Square, Jack Jordan abre la correspondencia de la mañana y encuentra dos invitaciones a una boda en Connecticut. Su esposa Trudy, radiante, ha aceptado ya la invitación, ansiosa por conocer la legendaria mansión de los Baron. Pero en los archivos del periódico donde trabaja como periodista, un patrón inquietante comienza a revelarse: una sucesión de prometidos de la familia Baron que han muerto bajo circunstancias extrañas, justo antes de sus bodas.
Jack Jordan regresa a su casa en Nueva York tras una campaña política. Su correspondencia trae dos invitaciones para una boda: la de Margarita Baron con Frank Forrest Shepley, programada para el sábado en Baron’s Knoll, Connecticut. Su esposa Trudy, entusiasmada, ya ha aceptado; desea conocer la famosa residencia de esta familia de millonarios. Pero cuando el jefe de Jack, MacDonald, lo presiona para que cubra la boda «por si ocurre algo», una inquietud vaga lo lleva a revisar los archivos del diario.
En esos archivos amarillentos, Jack descubre una historia que hiela la sangre. Los Baron son perseguidos por una maldición. Ana Baron perdió a su prometido Willis Abbott en un accidente ecuestre. Cándida Baron vio morir a Furniss Saunders en un choque ferroviario, y luego a Paul Baron en un accidente con escopeta. Cada novio Baron ha encontrado la muerte de manera repentina e improbable, siempre días antes de la ceremonia. Cándida misma falleció poco después. Ahora, la pequeña Margarita, única hija viva, está a punto de casarse.
Basil Ward, el misterioso primo lejano de la familia que controla sus asuntos financieros, aparece en los márgenes de cada tragedia. Jack comienza a intuir que su asistencia a la boda no será una simple diversión social. En las horas previas a su partida hacia Connecticut, Jack se debate entre el escepticismo y una angustia creciente: ¿habrá Frank Forrest Shepley corrido mejor suerte que sus predecesores?