Mientras la abuela de Jaimito prepara el almuerzo de los jueves con salchichas y coles, el bandido Saltodemata escapa de la cárcel e irrumpe en la cocina, hambriento tras catorce días de encierro.
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Mientras la abuela de Jaimito prepara el almuerzo de los jueves con salchichas y coles, el bandido Saltodemata escapa de la cárcel e irrumpe en la cocina, hambriento tras catorce días de encierro. Se apodera de toda la comida bajo amenaza de sable, dejando a la anciana sin sentido. Cuando Jaimito y Pepe llegan tarde, descubren que el sargento Matamicrobios ha sido capturado por el bandido. Los niños y su abuela trabajarán juntos en una aventura ingeniosa para rescatar al oficial, esconderlo en la buhardilla y ayudarle a perseguir nuevamente al criminal.
En el pequeño pueblo, los jueves son especiales en la casa de la abuela de Jaimito: ella prepara salchichas y coles, el plato favorito de sus nietos. Es jueves al mediodía cuando la abuela fritura las salchichas mientras hierven las coles, inundando la cocina de un aroma delicioso. De pronto entra bruscamente un hombre con uniforme azul de policía, casco y sable. Es Saltodemata, el bandido que acaba de escapar de la cárcel tras catorce días encerrado. Hambriento y urgido, amenaza a la abuela exigiendo toda la comida. La anciana, aunque contrariada, cede ante la amenaza del sable. El bandido devora las nueve salchichas y todas las coles, comiendo hasta directamente de la cacerola. Luego ordena a la abuela que permanezca silenciosa durante diez minutos antes de pedir auxilio.
Mientras tanto, Jaimito y Pepe han ido a pescar al río pero solo capturan una escoba vieja y una botella vacía que guardan por si necesitan enviar mensajes de emergencia. Al pasar por la plaza escuchan gemidos desde la cárcel. Los niños sospechan que es una trampa de Saltodemata y se burlan.
Cuando los niños llegan a casa descubren a su abuela inmóvil. Ella relata el encuentro con el bandido. Los niños corren a la cárcel y obtienen la llave. Al abrir descubren que es el sargento Matamicrobios quien está prisionero: está atado con una manguera de incendios y con un cubo vacío sobre la cabeza, lo que explica su voz distorsionada. Saltodemata lo ha dejado en ropa interior, robándole hasta los pantalones.
Sin uniforme disponible hasta días después, la abuela propone esconder al sargento en su buhardilla. Los niños lo transportan en un barril que guardaba pepinillos en vinagre, montado en un carro. El sargento protesta desde adentro pero la abuela y los niños cantan a plena voz para disimular sus lamentos mientras atraviesan el pueblo. Una vez a salvo, la anciana lo atiende con comida y tila, y promete ayudarle a recuperar su uniforme y su bicicleta de servicio para perseguir nuevamente a Saltodemata.
Esta aventura revela cómo el ingenio, el coraje de dos niños y la determinación de una abuela pueden enfrentar la astucia de un criminal.
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