Antía vuelve a su apartamento en Vigo cargada con las bolsas de la compra, exhausta. Fuera, la ciudad resplandece bajo millones de luces navideñas; dentro, solo desea paz.
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Antía vuelve a su apartamento en Vigo cargada con las bolsas de la compra, exhausta. Fuera, la ciudad resplandece bajo millones de luces navideñas; dentro, solo desea paz. Diseñadora gráfica en una agencia publicitaria, lleva meses en una situación indefinida con Wen, un compañero que la tiene entre dudas constantes. Cuando finalmente llegan las vacaciones, regresa al pueblecito donde creció, pero los conflictos no desaparecen tan fácil.
Antía vuelve a casa en Vigo cargada de bolsas de compra, agotada. Tras la puerta, la ciudad sigue brillando con sus millones de luces navideñas que iluminan las calles desde noviembre, pero para ella el brillo se ha convertido en ruido constante. Vive en pleno centro de una ciudad que ha decidido convertir las fiestas en un espectáculo de masas, donde los peatones confluyen en colas interminables frente a puestos de mercado navideño, estructuras gigantes y atracciones. Es como estar atrapada en el día de la marmota, repitiendo la misma jornada una y otra vez.
Por las noches, mientras actualiza el pequeño árbol artificial que su gato Bola de Nieve derriba sin piedad, Antía trabaja como diseñadora gráfica en una agencia publicitaria. Lleva casi cuatro años en ese empleo, aprendiendo, creciendo, ganándose el respeto de sus compañeros. Entre ellos está Wen, siempre en los límites de algo indefinido que nunca termina de cristalizar. La cena de empresa llega y con ella la esperanza de que algo cambie, pero Wen se marcha antes de lo previsto, dejándola con las manos vacías. No volverá hasta después de Reyes.
Cuando sus vacaciones finalmente llegan, Antía se sube a un autobús hacia Allariz, el pueblo donde creció. Allí la recibe Iago, su hermano mayor, gruñón como un Grinch que se hubiera vestido de humano. Su madre la abraza con la fuerza de quien ha extrañado a su hija. Su padre, que trabaja en una fábrica pero se convierte en chef cada vez que puede, ya tiene preparado un puchero. Y Elisa, su amiga de toda la vida, espera con historias propias por revelar.
Pero los conflictos del corazón no se resuelven simplemente porque cambies de lugar. Entre la nostalgia de una infancia donde la nieve llegaba cada invierno, la tensión no resuelta con su hermano, y los sentimientos pendientes hacia Wen que la acompañan incluso al pueblo, Antía se ve atrapada en una Navidad que promete ser tan complicada como las luces que dejó atrás.
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