Emma es una estudiante de Educación Primaria que comparte piso con su mejor amiga de infancia, Mía. Su vida transcurre entre las aulas, los exámenes que prepara con dedicación y las bromas constantes con sus amigos.
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Emma es una estudiante de Educación Primaria que comparte piso con su mejor amiga de infancia, Mía. Su vida transcurre entre las aulas, los exámenes que prepara con dedicación y las bromas constantes con sus amigos. Cuando Oliver invita a su primo David a una reunión, Emma se encuentra frente a alguien que no esperaba: un hombre cuya presencia altera el equilibrio de esa noche. Lo que comienza como un tonteo sin consecuencias revela capas más profundas que ambos se empeñan en ignorar, pero que inevitablemente los acerca.
Emma cruza el patio universitario bajo una lluvia insistente, suspirando con resignación. Es estudiante de segundo año de Educación Primaria, apasionada por los niños, aunque igualmente dispuesta a perder clases en la cafetería. Cuando regresa a casa sin avisar a su mejor amiga y compañera de piso, Mía, descubre que esa amistad que comparten desde los tres años es resiliente pero volátil: se pelean sin razón y se reconcilian sin explicación, como si la tensión fuera parte de su código compartido.
En la Universidad Autónoma de Madrid, Emma vive atrapada entre sus aspiraciones pedagógicas y sus miedos personales. Su vida cotidiana está llena de bromas entre amigos, especialmente con Eric, el novio de Mía. Cuando Oliver anuncia que traerá a su primo David a una reunión, Emma no prevé que esa noche será diferente.
David acaba de regresar de Francia tras trabajar allí durante un par de años. Es el tipo de hombre que entra a una habitación con certeza: rubio cenizo, ojos café, una sonrisa que parece prometedora y peligrosa a la vez. Desde el primer encuentro, su mano se posiciona en la cintura de Emma con una seguridad que delata sus intenciones. Ella reconoce el juego: es un conquistador.
Pero lo inesperado ocurre cuando Emma no se retrae ni rechaza el coqueteo. En cambio, lo responde con igual medida. Es en ese intercambio de miradas, en esas palabras cargadas de doble sentido, donde algo comienza a gestarse. Ni Emma ni David esperaban encontrar a alguien que devolviera la provocación con tanta intensidad. Lo que comenzó como un juego superficial empieza a revelar grietas en sus defensas. Entre ellos flota una pregunta incómoda que ninguno quiere formular.