El navegante toma asiento en su trono de metal en el puente de un crucero pesado. Su tercer ojo se abre a la disformidad. La orden es clara: atravesar la estrella negra, aquella herida en el tejido del espacio donde un dios ha nacido.
Descargar
El navegante toma asiento en su trono de metal en el puente de un crucero pesado. Su tercer ojo se abre a la disformidad. La orden es clara: atravesar la estrella negra, aquella herida en el tejido del espacio donde un dios ha nacido. Pero lo que espera más allá del velo no es lo que él o sus amos esperaban encontrar. Un testimonio sellado en el silencio de un mundo asesinado, donde solo el horror y la verdad permanecen.
Un navegante de la antigua casa de Thal ocupa el asiento de mando de la Sangre de Hierro, una vasta nave de guerra de la IV Legión. Su cuerpo no es completamente humano: tras milenios de aislamiento genético, su familia ha desarrollado órganos y sentidos mutantes, incluido un tercer ojo capaz de percibir las corrientes ocultas de la disformidad, ese abismo de locura que habita entre los mundos. Es su maldición y su don: puede guiar naves a través de distancias que exigirían mil vidas de viaje convencional.
Obedeciendo la orden de su Señor de Hierro, pilota la nave hacia una estrella negra que orbita en el corazón de la Gran Herida, la cicatriz dejada en la realidad por el nacimiento violento de una divinidad. Allí, mientras sus otros dos primos navegantes ofrecen su percepción complementaria, abre su vista verdadera. Y en ese instante, ve. Ve todo. Ve a lo que la humanidad veneraría como un dios, pero que habita más allá de las palabras, más allá de la comprensión. Es una verdad que quiebra la cordura.
La Sangre de Hierro es engullida por la oscuridad. El espacio se colapsa sobre sí mismo. El tiempo se estira hasta convertirse en una eternidad de risa. Cuando el instante termina, el navegante despierta sedado en Tallarn, un mundo muerto donde es mantenido prisionero por los Hijos de Perturabo. Le obligan a mirar a través del velo nuevamente, una y otra vez, para servir a sus amos. Pero ya no es quien era. Ha visto demasiado. Ha sido tocado por lo inefable.
Ahora, suspendido entre el sueño y la vigilia, el navegante comparte sus secretos con alguien que quizá nunca los escuche. Un testimonio destinado a revelar lo que el universo realmente es: un lugar donde la humanidad no es más que ciegos arrogantes, observados y ridiculizados por fuerzas que ninguna mente mortal puede comprender.