En Selma, Alabama, años después de la Guerra Civil, un joven regresa a su hogar portador de un secreto que su padre no puede perdonar. Mientras la ciudad hierve bajo la opresión de oportunistas del Norte y viejos rencores resurgen, Henry…
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En Selma, Alabama, años después de la Guerra Civil, un joven regresa a su hogar portador de un secreto que su padre no puede perdonar. Mientras la ciudad hierve bajo la opresión de oportunistas del Norte y viejos rencores resurgen, Henry Drake debe enfrentarse a la hostilidad de su propia gente, condenada por haber luchado en el bando perdedor. Una novela que retrata los conflictos de lealtad, honor y supervivencia en el Sur derrotado.
En Selma, Alabama, más de dos años después de la rendición del general Lee, las cicatrices de la guerra civil persisten en cada esquina. Los carpetbaggers, oportunistas llegados desde el norte, explotan sin piedad a los hombres de color, mientras los sureños contemplan cómo sus tierras son saqueadas bajo la ley del vencedor. En las sombras del saloon de Bob, el sheriff planea algo mucho más oscuro: un crimen que pretende achacar a los negros para frenar la invasión de norteños. Alan Drake, padre de familia consumido por el rencor, se suma al complot sin dudarlo.
Es entonces cuando Henry Drake regresa. Su llegada al rancho familiar tiembla con la tensión de lo no dicho: ha estado lejos durante años, y cuando por fin cruza el umbral, sus padres descubren una verdad que su padre no puede tolerar. Henry luchó por el Norte. Vistió el uniforme del enemigo, y aunque su madre lo recibe con los brazos abiertos, Alan Drake no ve en su hijo más que una traición viva, un escarnio del honor sureño. El rechazo es inmediato y rotundo: Henry no dormirá bajo su mismo techo.
Abandonado por su padre, el joven se dirige al pueblo buscando cobijo. El Gran Hotel está en ruinas, víctima de los incendios de la guerra. Sin más opción, se presenta en el saloon, donde Bob le alquila una habitación sin reconocerlo. Pero la tranquilidad dura poco. Wagner, un hombre elegante y violento, comienza a acosarlo con preguntas. Henry intenta esquivar el conflicto, pero Wagner y Bob lo acosan, decididos a humillarlo. Cuando la tensión crepita al borde del disparo, el sheriff irrumpe en la cantina. Su decisión es rápida e injusta: culpa a Henry y lo arresta.
En la celda, la verdadera naturaleza del joven se revela lentamente. Sus armas cuentan una historia silenciosa: treinta y dos marcas grabadas en el acero. Treinta y dos hombres caídos bajo su mano. El sheriff contempla esos testimoniós mudos de violencia y reconoce algo inquietante en el prisionero: no es un simple forastero, sino alguien forjado en la guerra, alguien que ha visto la muerte de cerca.
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