En Ciudad Bolívar, el caos domina las calles. Un padre dispara desesperadamente desde una posición elevada para salvar a una mujer y un niño rodeados de criaturas infectadas, mientras la teniente Camejo y sus tropas luchan por contener el…
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En Ciudad Bolívar, el caos domina las calles. Un padre dispara desesperadamente desde una posición elevada para salvar a una mujer y un niño rodeados de criaturas infectadas, mientras la teniente Camejo y sus tropas luchan por contener el avance de los monstruos. En la segunda entrega de esta saga apocalíptica, la supervivencia se convierte en un acto de cada instante, donde militares, civiles y criminales se debaten entre la esperanza y el colapso total.
Cuando la noche cae sobre Ciudad Bolívar, la muerte toma forma de criaturas sin vida que merodean las calles. En su segunda parte, esta novela sigue el hilo de la catástrofe que consume a Venezuela: un padre presencia desde la azotea cómo una mujer protege a su hijo con solo un paraguas mientras los infectados la rodean. Sin dudarlo, dispara con precisión, pero cada bala es una carrera contra el tiempo. La distancia cede ante la desesperación, y cuando la munición se agota, llega el grueso de las tropas militares bajo el mando de la teniente Camejo.
Camejo y sus soldados enfrentan un dilema imposible: los zombis llegan en oleadas, llevados por el ruido de los disparos como atraídos por un llamado mortal. La teniente decide tomar el Fortín del Zamuro, una fortaleza histórica en la cima de un cerro que ofrece ventajas defensivas. Pero en el camino, la horda les corta el paso. Mientras establecen una barricada con sus vehículos, los francotiradores disparan sin descanso y los militares distribuyen fuego de cobertura. La batalla es feroz, implacable, y deja bajas incluso entre los más valientes.
Fuera de este escenario de combate directo, otros sobreviven de maneras oscuras. Zorro, el líder de una banda criminal, se ha instalado en un viejo restaurante con su cuadrilla, saqueando bares y entreteniendo el tiempo con cartas y alcohol, ajeno al infierno que hierve fuera. Pero la noche guarda peligros impredecibles: mientras uno de sus hombres se retira al patio trasero, Alfa emerge de las sombras. Este no es un zombi cualquiera. Es una bestia con propósito, inteligencia depredadora, capaz de acechar y emboscar.
Sobre todo esto se cierne la sombra de un orden colapsado: el Presidente desaparecido, las Fuerzas Armadas diezmadas, el poder político en ruinas. En las calles se queman cadáveres. La ciudad que fue se desmorona bajo el peso de lo que ya es.
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