En la fachada de un palacio, los escudos de armas guardan historias de linajes extintos. Este libro recorre veinticinco palacios españoles, desde el mudéjar medieval hasta el eclecticismo del XX, revelando cómo la arquitectura residencial…
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En la fachada de un palacio, los escudos de armas guardan historias de linajes extintos. Este libro recorre veinticinco palacios españoles, desde el mudéjar medieval hasta el eclecticismo del XX, revelando cómo la arquitectura residencial nobiliaria se transformó para reflejar el poder, la riqueza y los modos de vida de sus habitantes. Cada palacio representa una época, un estilo, una región. Juntos trazan la evolución de una tipología arquitectónica que marcó la historia de España.
En los interiores lujosamente decorados de un palacio, tapices y cuadros cuelgan de sus muros mientras se desarrollan episodios que cambiarán la historia de España. Alianzas se sellan, tratados se firman, matrimonios se conciertan en salones que guardan también secretos olvidados por la posteridad. Esta obra examina veinticinco palacios españoles como testimonios de la evolución arquitectónica y social de la nobleza. Desde el mudéjar medieval que hereda las formas islámicas hasta el eclecticismo modernista del siglo XX, cada edificio marca un momento de transformación estilística y de vida doméstica. La selección responde a tres criterios fundamentales. Primero, una visión cronológica que arranca en los siglos XIV y XV, cuando el palacio moderno emerge de las torres defensivas medievales, y concluye en el siglo XX con las últimas manifestaciones historicistas. Segundo, una cobertura territorial que abraza todas las regiones españolas, desde la Corte Real en Madrid hasta las respuestas periféricas catalanas, gallegas, asturianas y andaluzas. Tercero, una conexión entre el palacio, la casa y el linaje que revela cómo cambiaron los modos de vida en sus espacios representativos, íntimos e institucionales. El recorrido transita por los grandes estilos: el gótico isabelino y el mudéjar de los siglos XV y XVI, cuando aparecen construcciones como la Gran Torre del Palacio Real de Olite o el Palacio del Duque del Infantado en Guadalajara. El plateresco renacentista despliega su riqueza ornamental en el Palacio de Monterrey de Salamanca. El clasicismo ponderado se expresa en el Palacio Vázquez de Molina de Úbeda. El siglo XVIII representa el apogeo: el Palacio Real de Madrid surge del incendio del antiguo Alcázar como emblema de la dinastía borbónica, mientras que el rococó brilla en la portada alabastrina del Palacio del Marqués de Dos Aguas de Valencia. El siglo XIX y las primeras décadas del XX multiplican las opciones estilísticas. El neorrenacentismo, el gusto francés, los historicismos británicos, el modernismo de Gaudí, el noucentismo y hasta el eclecticismo fantasioso de quien recicló monumentos españoles. Cada palacio revela cómo arquitectos, patrones nobiliarios y épocas dialogaron para producir edificios que eran declaraciones públicas de poder y memoria dinástica.
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