Tres niños construyen su mundo en las ramas del ciruelo viejo de una masía catalana. Desde allí vigilan la vida de la casa: las visitas que llegan por el camino, el trabajo en los establos, las mujeres desgranando maíz.
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Tres niños construyen su mundo en las ramas del ciruelo viejo de una masía catalana. Desde allí vigilan la vida de la casa: las visitas que llegan por el camino, el trabajo en los establos, las mujeres desgranando maíz. En invierno, la existencia se recoge alrededor del fuego de la cocina, donde la abuela Mercedes permanece en silencio con La Vanguardia en las manos. Una novela sobre la infancia rural en Cataluña durante los años cuarenta, donde la memoria personal convive con los ecos de la historia.
Tres niños habitan las ramas del ciruelo viejo plantado frente a una masía catalana. Desde sus ramas privadas vigilan el mundo adulto: los establos, los abrevaderos, los caminos hacia el pueblo de las fábricas. El ciruelo es su refugio perfecto, oculto pero estratégicamente ubicado para controlar sin ser vistos. Durante el verano, los niños prueban cada árbol del huerto en busca del lugar ideal. Los manzanos son demasiado pequeños; los perales, igual; los olmos inspiran asco, viejos y agujereados. El saúco permanece inalcanzable, sagrado para la abuela Mercedes. Solo el ciruelo posee las ramas suficientes. Allí se acomodan Quirico chico, el narrador y Nuria, la menuda de trenzas de oro. Con el invierno llega otro ritmo de vida. La cocina de la planta baja se convierte en centro de la existencia. El fuego del hogar arde constantemente. La abuela Mercedes preside desde su escaño con la cesta de labores, y su lectura diaria de La Vanguardia es sagrada: silencio absoluto en la cocina. El abuelo Mozo apenas aparece, vagabundeando entre los pastos montañosos la mayor parte del año. A su alrededor transcurren los días: Quirico padre, la Bina, tía Enriqueta, los trabajadores. El narrador vive en esta masía como un acogido temporal. Su madre trabaja en el pueblo, su padre está ausente. La abuela lo protege en silencio. Mientras lee el periódico, la Segunda Guerra Mundial se filtra en las conversaciones: Churchill, Roosevelt, los aliados que no llegarán a tiempo. La novela teje la memoria rural de la infancia con la sombra de la historia, la intimidad del hogar familiar con la incertidumbre de los tiempos.