Entre los restos oxidados de la Gran Depresión norteamericana, Danny y Rafe construyen un mundo de aventura a bordo de un viejo avión. Mientras Danny posee el don de las palabras, Rafe vive cada momento con una intensidad arrebatadora.
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Entre los restos oxidados de la Gran Depresión norteamericana, Danny y Rafe construyen un mundo de aventura a bordo de un viejo avión. Mientras Danny posee el don de las palabras, Rafe vive cada momento con una intensidad arrebatadora. Su amistad, forjada en la defensa mutua y los sueños compartidos, los llevará veinte años después a convertirse en pilotos de combate. En enero de 1941, cuando el mundo tiembla bajo la amenaza del fascismo, ambos se encuentran preparados para su verdadera misión.
En los campos de Tennessee durante la Gran Depresión, dos niños de diez años encuentran libertad en los restos de un viejo biplano fumigador. Danny Walker posee un don innato para las palabras, viendo cada término escrito con una claridad casi musical; su amigo Rafe McCawley, hijo de un granjero ingeniero, carece de este talento pero posee algo que lo trasciende: una conexión sensorial con el mundo que lo rodea, una forma de vivir cada instante con plenitud. En su nave improvvisada, donde Rafe escribe TINOM con tiza en el salpicadero, se convierten en pilotos de guerra imaginarios, derrotando enemigos del Kaiser. La amistad entre ellos se forja de manera irrevocable cuando Danny sufre la violencia de su padre, un veterano destrozado por la Primera Guerra Mundial. Cuando Cole Walker, ciego de ira, golpea a su hijo, Rafe actúa sin hesitación, blandiéndola vieja hélice del avión como arma. En ese momento, algo indeleble se sella entre ellos: una promesa silenciosa de protección y lealtad que perdurará de por vida. Veinte años después, los niños son ahora hombres, pilotos de combate en formación sobre un aeródromo del Ejército en Nueva Jersey. Rafe lidera la escuadrilla mientras Danny vuela junto a su ala derecha. El mundo ha cambiado irrevocablemente: Hitler reorganiza Alemania con energía oscura; Japón construye un imperio sobre sus vecinos; Estados Unidos, oficialmente neutral, provee recursos para máquinas de guerra ajenas. Es enero de 1941, y aunque Norteamérica aún no reconoce públicamente que la guerra llama, estos dos hombres cuyos sueños nacieron entre chatarra y tela rota se encuentran en el umbral de su verdadera prueba.