Una mujer grita de dolor en una mesa de parto mientras da a luz a un hijo que no es completamente humano. Así comienza una saga entrelazada con la mitología griega, donde un trato sellado con Hades genera una maldición que atraviesa…
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Una mujer grita de dolor en una mesa de parto mientras da a luz a un hijo que no es completamente humano. Así comienza una saga entrelazada con la mitología griega, donde un trato sellado con Hades genera una maldición que atraviesa generaciones. En el cruce entre lo divino y lo mortal, dos hermanos nacidos en el mismo instante descubrirán que están destinados a una guerra eterna: uno convertido en depredador inmortal, el otro elegido por Atenea como cazador de su propia estirpe.
En los tiempos antiguos, los dioses griegos tejían los destinos de los mortales con sus caprichos. Pero esa era terminó, y con ella, el diálogo entre divinos y humanos. Ahora, una lucha olvidada persiste en las sombras.
En el año 170 antes de nuestra era, Anthea, esposa desdeñada en Corinto, sella un trato con Hades. Cegada por la rabia al descubrir la infidelidad de su marido, le pide venganza al dios del Inframundo. Ofrenda su alma a cambio de la muerte de Evan. El precio que paga es incalculable: la maldición no solo cobra la vida de su esposo, sino que se retuerce sobre ella misma, encarnándose en su vientre.
Athan nace a la medianoche cuando el día y la noche convergen. Es un ser imposible: hijo de humana pero concebido en los propios términos del Inframundo. Su cuerpo crece con velocidad inhumana, su consciencia despierta de manera turbadora. Cuando toma su primer aliento, la vida de su madre se apaga. Anthea se convierte en su primera víctima.
Pero Athan no es el único. En Atenas, Helena—la mujer por quien Evan traicionó a Anthea—grita de parto en la misma hora exacta. Theron llega al mundo frágil y prematuro, ignorante de que comparte el mismo padre con un ser que no debería existir. Mientras Theron crece como un niño mortal, Athan atraviesa dos décadas aparentando treinta años. Su apetito de sangre lo hace más fuerte, más sabio. Absorbe las vidas que consume, recibe sus memorias como trofeos.
Cuando Athan llega a Atenas, el encuentro era inevitable. Revive en los recuerdos robados de Helena el momento en que ella destruyó la felicidad de su madre. Mata sin compasión. Pero entonces aparece Atenea, quien interviene para redirigir a Theron hacia su destino. Le revela que Athan es su hermano, maldito pero no culpable. Le enseña que solo la preparación y disciplina pueden igualar la rapidez y fuerza de un depredador inmortal.
A partir de ese momento, Theron dedica su existencia a una misión que trasciende su vida. Debe proteger a los humanos de Athan y, cuando el demonio se multiplique, de toda una estirpe de depredadores. Su legado debe transmitirse de generación en generación, formando cazadores capaces de enfrentar lo imposible.
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