Una antología de historias que desciende a territorios oscuros de la imaginación. Un anciano defiende el asesinato de cuarenta y dos niños como obra divina. Dos máquinas descubren el amor en un líquido primordial.
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Una antología de historias que desciende a territorios oscuros de la imaginación. Un anciano defiende el asesinato de cuarenta y dos niños como obra divina. Dos máquinas descubren el amor en un líquido primordial. Un charlatán convierte la ciencia ficción en instrumento de poder y manipulación. Presencias fantasmales merodean casas ajenas, pidiendo permiso para quedarse. Cada relato expone fracturas en la razón humana: el fanatismo religioso, la perversión del pensamiento, y aquello que persiste en los espacios que creemos seguros.
Una tienda de antigüedades regentada por el perverso Mefisto alberga historias que descienden a los sótanos más oscuros de la imaginación humana.
En una sala de interrogatorio, un anciano cojo y calvo responde preguntas sobre cuarenta y dos niños asesinados en un museo de paleontología. Con tranquilidad, cita versículos bíblicos mientras sostiene que él no fue el culpable: dos osos disecados volvieron milagrosamente a la vida y ejecutaron la voluntad divina. Los niños se burlaron de su calvicie, se rieron de sus palabras sobre el Génesis, y por eso merecían morir. Lo que comenzó como un interrogatorio se convierte en un monólogo de fe pervertida donde la violencia se transfigura en acto de salvación divina.
Junto a este horror habitan otros mundos perturbadores. Dos máquinas despiertan en un líquido rosado y primordial, observándose hasta desarrollar curiosidad, luego deseo, finalmente intimidad y reproducción. Lo que aparenta ser poesía sobre el amor se revela como colonización sistemática: la máquina original es destruida para engendrar mil embriones nuevos que llenarán el líquido gelatinoso.
Un visionario funda una secta basada en la ciencia ficción, combinando Heinlein, Finney y Philip K. Dick con teorías sobre invasores extraterrestres viscosos. Lo que nació como broma compartida mientras fumaba marihuana se convierte en imperio de millones de dólares. Sus seguidores le adoran, trabajan para él, comparten sexo con él, donan sus ahorros en busca de redención. Cuando su examiga, ahora divulgadora científica, lo expone públicamente, él la marca en su página web como enemiga poseída, incitando implícitamente su asesinato.
Presencias espectrales rondan espacios habitados con dedos azulados y piel helada, rogando permiso para quedarse. Un hombre lucha contra la invisibilidad que habita su hogar. Un sacerdote llega para un exorcismo, pero la mujer muerta persiste en recuerdos de linchamiento, de muerte violenta, encadenada a ese lugar. La expulsión es negación de lo inevitable.
Entre microrrelatos de horror visceral y poesía perturbadora, la antología teje un tapiz de transgresiones: religiosas, tecnológicas, morales. No redime, no explica, no consuela. Solo expone las grietas donde habitan el fanatismo, la perversión del intelecto, la imposibilidad de escapar a lo que nos define.