En las aguas del río St. Marcus, un cazador descubre el cuerpo de una niña. Diez años después, una periodista de radio lanza una serie de entrevistas para reinvestigar el caso cerrado.
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En las aguas del río St. Marcus, un cazador descubre el cuerpo de una niña. Diez años después, una periodista de radio lanza una serie de entrevistas para reinvestigar el caso cerrado. Lo inesperado: ella es hermanastra de la víctima y ha guardado culpas que nunca contó. Mientras sus transmisiones públicas despiertan sospechas, un detective comienza a revisar archivos olvidados, encontrando grietas en la narrativa oficial que rodea la muerte de Jenny Keir.
Entre los árboles del bosque que rodea el río St. Marcus, un cazador llamado Vicente Álvarez persigue a sus perros. Su rifle descansa en sus manos con familiaridad; es una mañana como cualquier otra de caza. Pero cuando sus perros comienzan a ladrar cerca de la orilla, Vicente descubre algo que la naturaleza y la corriente han dejado atrapado en las ramas: el cadáver de una niña pequeña, hinchado por el agua, con los ojos ya devorados por los pájaros. El vestido floreado que una vez fue alegre ahora está empapado y raído. Ese hallazgo marca el punto de partida de una tragedia cuya verdad nunca llegó a resolverse completamente.
Diez años después, Brenda Bracken, conductora de informativos en la estación de radio WBH Newsradio de Bar Harbor, decide lanzar una ambiciosa serie especial titulada «Una década bajo el agua». Su intención es reconstruir públicamente los eventos alrededor del asesinato de Jenny Keir mediante entrevistas con testigos clave. Comienza con Vicente Álvarez, quien relata por primera vez la experiencia de encontrar el cadáver. Pero Brenda guarda un secreto que su productor Bruno Helton desconoce: Jenny no era solo una víctima de un caso mediático. Era su hermanastra, su responsabilidad perdida en las aguas hace una década.
El detective David Hensley escucha la transmisión casi por accidente, en su automóvil, esperando comida rápida. Algo en las palabras de Brenda lo intriga. Decide sacar del archivo los viejos expedientes del caso, documentos que su anterior jefe guardó celosamente. A medida que revisa fotografías fotocopiadas y declaraciones descoloridas, Hensley comienza a notar inconsistencias. Sammy Pérez está en prisión acusado del crimen, pero los detalles no encajan como deberían.
Lo que nadie anticipaba es que la reapertura pública del caso traería consigo secretos guardados durante años. Brenda lucha contra la culpa de haber estado presente el día que su hermanastra desapareció, consciente de que su negligencia infantil la condenó. Bruno descubre que la objetividad periodística de su conductora está profundamente comprometida por un dolor demasiado personal. Y David Hensley, un detective que creía haber dejado atrás su instinto investigador, comienza a cuestionarse si la justicia fue servida, o si el caso quedó cerrado demasiado pronto.