Katie regenta Flower Girl, una floristería en Hillsboro, y ha aprendido a descifrar los secretos de sus clientes en las flores que compran. Dylan McKinnon es su cliente más frecuente: un exbeisbolista convertido en empresario de ropa…
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Katie regenta Flower Girl, una floristería en Hillsboro, y ha aprendido a descifrar los secretos de sus clientes en las flores que compran. Dylan McKinnon es su cliente más frecuente: un exbeisbolista convertido en empresario de ropa deportiva que entra en la tienda regularmente para encargar ramos para mujeres distintas. Katie ve la rueda de conquistas y abandonos con claridad de matemática. Dylan, en cambio, ha decidido que ella es un reto: la única mujer que lo juzga, la que lo observa correr cada día desde su escaparate y lo encuentra predecible.
La mañana en que Dylan McKinnon entra en la floristería de Katie llevando una cazadora deportiva sin mangas, ella está en medio de una transacción. La señora Johnson encarga una corona funeraria en memoria de Gertrude, quien adoraba los lirios. Katie abandona el mostrador para ajustar un jarrón de gardenias en el escaparate, un gesto que revela algo esencial: es una mujer que se preocupa por los detalles, por que cada flor esté en su lugar exacto.
Dylan llega corriendo con el pelo oscuro al viento. A Katie le encogería el estómago verlo de no ser por el desprecio que siente por él. O por lo que cree que es: un conquistador de feromonas y sonrisa fácil que visita la floristería con regularidad para encargar ramos que nunca son para la misma mujer.
Katie es la propietaria de Flower Girl y observa a Dylan de una manera particular: nota que envía flores a Heather Richards, Miss Biquini de Hillsboro, por tercera vez. Katie sabe lo que vendría después. Ha visto el patrón a lo largo de un año: tras el tercer ramo de disculpas, llegaría el cuarto ramo de despedida.
Dylan McKinnon es un exjugador de béisbol de los Toronto Blue Jays cuya carrera profesional fue breve pero lo dejó lo suficientemente famoso como para convertirse en empresario. Construyó un imperio en ropa deportiva sin haber ido a la universidad. Ahora tiene casi veintisiete años, oficinas en el centro de Hillsboro, una hermana que lo regaña constantemente, una madre enferma y más mujeres en su órbita de las que Katie puede contar.
Katie es divorciada. Lleva ropa recatada con cuellos de encaje y vestiditos de flores porque cree que debe verse menos atractiva de lo que es. Usa gafas cuando Dylan entra en la tienda y zapatos planos. Lee novelas de Steinbeck. Sabe quién es el alcalde de Hillsboro. Para la hermana de Dylan, Katie sería lo que ella llama una chica decente.
Pero lo que Katie no sabe, mientras lo observa correr cada día desde detrás del cristal del escaparate, es que Dylan ha comenzado a observarla con igual intensidad. Ha decidido que ella es un reto. Katie lo juzga, lo encuentra predecible, lo rechaza con su silencio profesional. Eso es exactamente lo que Dylan necesita: alguien que lo sorprenda, alguien que no caiga ante su encanto, alguien completamente inesperado.
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