Glen Barton corre por una playa privada de Miami, sudoroso bajo el sol implacable. Un cartel de advertencia no lo detiene: sigue adelante hasta toparse con una mujer pelirroja, desnuda y furiosa, que le ordena irse.
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Glen Barton corre por una playa privada de Miami, sudoroso bajo el sol implacable. Un cartel de advertencia no lo detiene: sigue adelante hasta toparse con una mujer pelirroja, desnuda y furiosa, que le ordena irse. Cuando tres guardias aparecen para expulsarlo, Glen despliega las habilidades que lo hacen temible: es un especialista en karate de grado superior, en Miami para participar en un campeonato tras recuperarse de una operación. La playa privada será solo el primer encuentro de una historia de acción donde sus puños y su disciplina marcan la diferencia.
En Miami, Glen Barton mantiene una disciplina sin concesiones. Cada mañana corre por la playa para prepararse para el campeonato que lo espera, pero su recuperación de una reciente operación lo ha dejado con kilos de más que debe eliminar. Carne, fruta y agua: esa es su dieta hasta el gran día. Todo está calculado, medido, controlado.
Su rutina matutina lo lleva a una playa que alguien ha cercado con señales de prohibición. Al cruzar el límite, descubre a una mujer de cabellos rojos tendida al sol, cuyo cuerpo resplandece bajo la luz de la mañana. Ella es clara: debe marcharse. No hay lugar para intrusos en su espacio privado.
Cuando tres hombres armados con porras aparecen desde entre las palmeras para reforzar la advertencia, Glen no huye. Lo que sucede entonces es una demostración breve y contundente de lo que significa entrenar durante años bajo la disciplina del karate. Sus movimientos son precisos, económicos, letales solo si es necesario. En segundos, los tres guardias yacen en la arena sin sentido.
Esa tarde, en el dojo de su amigo Daniel Carr, Glen demuestra por qué es respetado en los círculos del karate de competencia. Quinto Dan, especialista absoluto, enseña con su control perfecto: cada golpe se detiene justo antes de causar daño. Cada movimiento es una lección de precisión.
Mientras Glen se pesa tras el entrenamiento, celebra haber rebajado tres onzas más. Pero la propuesta de una cena en un restaurante chino lo tienta. Rechaza categóricamente. La disciplina que lo ha llevado hasta aquí no admite excepciones.
Sin embargo, el encuentro en la playa privada quedará en su mente. La pelirroja, la pistola que uno de los guardias intentó desenfundar, la estructura de poder detrás de esa propiedad reservada. Todo sugiere que esta ha sido apenas la primera escena de algo más complejo.