Un video de cinco segundos destaca en YouTube: dos hermanas atadas y amordazadas. Cuando Martina y Leandra Müller, las youtubers de Pleamar, desaparecen sin contacto, Nieves González y Darío Mur, una subinspectora y un inspector recién…
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Un video de cinco segundos destaca en YouTube: dos hermanas atadas y amordazadas. Cuando Martina y Leandra Müller, las youtubers de Pleamar, desaparecen sin contacto, Nieves González y Darío Mur, una subinspectora y un inspector recién reincorporado, se ven arrastrados a una investigación que expone los secretos latentes en las vidas envidiables de Madrid: obsesión por la fama, padres prominentes, y un misterio que crece con cada hora de silencio en las redes.
En los cinco segundos de un video de YouTube, dos jóvenes aparecen atadas a sillas y amordazadas, forcejando para liberarse. Son Martina y Leandra Müller, hermanas que operan bajo el nombre de Pleamar ante dieciocho millones de suscriptores. Durante tres años han mantenido un video semanal puntual. Pero este teaser es diferente. Su sobriedad perturbadora genera especulación: ¿broma macabra o algo más oscuro?
Cuando Nieves González, subinspectora de homicidios, ve el video a través de su sobrina Sol, de once años, intuye algo inquietante. La niña constata lo imposible: Martina y Leandra no han actualizado Instagram en horas. Para chicas que publican cuatro o cinco imágenes diarias, ese silencio es inconcebible. Cuando Sol pronuncia «No están actuando», algo se quiebra.
Paralelamente, Darío Mur, inspector que regresa de una excedencia sabática en Tenerife tras el colapso de su matrimonio, se reincorpora al trabajo. La investigación de las hermanas desaparecidas lo cruzará con Nieves, una subinspectora que mantiene la convicción de que la sonrisa tiene cabida en homicidios y que sabe encontrar la vía hacia cualquier alma, incluso hacia un hombre como Mur, que ha llegado gris y despojado.
Los Müller son personas de influencia. Tobías, cirujano plástico de las celebridades apodado «el Doctor Milagro», conserva el acento alemán junto con elegancia intacta. María Lizana, tertuliana de televisión, está acostumbrada a desplegar palabras como armas. Su preocupación es sombría: ¿ansiedad genuina o performance? Lo cierto es que sus hijas no responden, los móviles están apagados y el silencio en las redes es absoluto.