Charlotte Temperance aparece en una casa donde un hombre agresivo bloquea el acceso a una madre y su hija. Armada con una carpeta y un pasador de cristal, ella enfrenta la violencia con precisión brutal.
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Charlotte Temperance aparece en una casa donde un hombre agresivo bloquea el acceso a una madre y su hija. Armada con una carpeta y un pasador de cristal, ella enfrenta la violencia con precisión brutal. Después, en el pasillo de la oficina de servicios sociales, se encuentra inesperadamente con Puck, un hombre que sobrevive sus propios traumas profundos. Dos personas marcadas por la violencia, en mundos que se chocan. Séptimo libro de Road Kill MC.
Charlotte Temperance llega a una casa donde sabe que una mujer y una niña están atrapadas. Un hombre corpulento y agresivo le cierra el paso, bloqueando su acceso a la víctima. Ella entra con una carpeta como escudo, una cuenta de cristal atravesada en su moño, lista para convertirse en arma si es necesario, pero principalmente armada con años de entrenamiento y la certeza de que esta vez no puede fallar. El sujeto, Lionel Ritchie, es un criminal que abusa de menores. Cuando la violencia estalla en la acera, Temp la responde con precisión brutal. Rompe su dedo meñique, lo domina, lo deja llorando en el suelo. Pero no es suficiente. Tabitha, una niña de cinco años, ya lleva las marcas del puño de su agresor.
Su jefe Harvey la suspende días por usar “demasiada fuerza”, aunque sabe que los cargos contra Ritchie nunca prosperarán. El sistema burocrático la frena, la castiga por ser demasiado como policía, no suficientemente como asistente social. Mientras tanto, el sufrimiento de las víctimas continúa. Al salir de la oficina, golpeada y dolorida, se encuentra en el pasillo con Puck.
Puck viene de una sesión de terapia con Denni, su psiquiatra, donde trabaja en procesar algo que no puede nombrar fácilmente: la violación y la sodomía a manos de su propio padre, mientras su hermana Candi miraba impotente, encadenada a un radiador. Ahora trabaja como consultor, fuera del sistema legal formal que lo consumió cuando era policía encubierto. Lleva los colores de Road Kill MC, donde encontró familia y propósito. Pero las cicatrices internas aún sangran. Los ataques de pánico, los dolores de cabeza, las pesadillas que disminuyen pero nunca desaparecen.
Cuando ve a Temp en ese pasillo, su expresión cambia de la sorpresa a la ira. Una tensión que resuena como tormenta contenida. Dos personas marcadas por la violencia, una que la inflige cuando es necesario, otra que aún lucha contra la que recibió. Sus mundos chocan en un espacio gris.