Nueve policías femeninas de distintos estados estadounidenses son convocadas a una casona en las montañas de Pennsylvania para una misión de infiltración en el mundo del tráfico de drogas.
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Nueve policías femeninas de distintos estados estadounidenses son convocadas a una casona en las montañas de Pennsylvania para una misión de infiltración en el mundo del tráfico de drogas. En la sala de conferencias, Chris Cassidy, inspector de la Brigada Federal de Narcóticos, les comunica la verdad sin concesiones: el entrenamiento durará tres meses, no podrán abandonar el recinto, y probablemente algunas no sobrevivirán. Tres policías de la promoción anterior ya murieron. Cassidy no confía en el éxito de esta operación, pero las nueve agentes aceptan el desafío.
En una casona ubicada en las suaves laderas de las Blue Mountains de Pennsylvania, lejos de la vida urbana de Reading, se alberga una operación clandestina que nada tiene que ver con su apariencia de vieja granja colonial. Nueve policías mujeres, procedentes de distintos departamentos estadounidenses, llegan para participar en una de las empresas más peligrosas que la ley puede encomendarles: infiltrarse en las redes del tráfico internacional de narcóticos.
Las jóvenes agentes, todas menores de veinticuatro años y seleccionadas tras minuciosos expedientes, esperan en una sala de conferencias cuando Chris Cassidy hace su entrada. Inspector de la Brigada Federal de Narcóticos, Cassidy es un hombre de poco más de veinte años, de rasgos duros y carácter inquebrantable. Su presentación no busca confortar: con sinceridad implacable, les anuncia que las considera estúpidas por haber aceptado la misión, que el gobierno federal está en desacuerdo con su participación, y que muchas de ellas probablemente morirán.
Cassidy no exagera. Meses atrás, siete policías como ellas fueron entrenadas en el mismo lugar para la misma operación. Solo cuatro sobrevivieron. Las otras tres aparecieron muertas en distintos lugares del país, con los cuerpos tan desfigurados que ni sus propias familias pudieron identificarlas.
Sin embargo, ninguna abandona la sala. Aceptan el desafío y se preparan para tres meses de entrenamiento exhaustivo: clases sobre narcóticos y comportamientos de consumidores, adiestramiento en defensa personal con Israel Morton, y preparación psicológica para enfrentarse a traficantes que no dudarán en eliminarlas si las descubren. Durante este período no podrán salir del perímetro establecido ni mantener contacto con el exterior. El objetivo es convertirlas en expertas capaces de actuar bajo el disfraz perfecto: jóvenes mujeres infiltradas en el círculo de los narcotraficantes.