El tren atraviesa los arrabales de Madrid mientras una mujer viaja con sus padres hacia El Arenal, un piso de veraneo junto al mar. En los vagones nocturnos, piensa en Fernando, un hombre casado con quien tuvo una breve relación que acaba…
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El tren atraviesa los arrabales de Madrid mientras una mujer viaja con sus padres hacia El Arenal, un piso de veraneo junto al mar. En los vagones nocturnos, piensa en Fernando, un hombre casado con quien tuvo una breve relación que acaba de terminar. Su amiga Gisela, quien solía ocuparse de sus padres durante el verano, los ha abandonado para cuidar a un joven con problemas de drogas. La narradora debe resolver sola qué hacer con un mes de vacaciones vacío de sentido, hasta que decide emprender el viaje más largo de su vida hacia Oriente.
La vida de una mujer ha transcurrido entre los deberes hacia sus padres y la búsqueda de una libertad que no sabe cómo vivir. Desde que su hermana se casó hace años, ella se encarga de ellos: sus temores, sus vacilaciones, su dependencia que crece con los años. El verano es siempre su momento de escape, pero también su momento de incertidumbre. Este año, la llegada de sus padres a El Arenal, el piso frente a la bahía donde esperaban pasar los meses con su amiga Gisela, se complica cuando ésta les comunica que no puede acompañarlos. Ha decidido cuidar a un joven drogadicto hijo de amigos que murieron en un accidente, y su sentido del deber la ha arrastrado hacia una causa que considera más urgente que el confort de sus patrones ocasionales. La narradora se ve entonces obligada a instalarse en El Arenal con sus padres, a organizar la casa, a buscar quién los cuide. Pero en realidad, lo que ocupa su mente es el vacío dejado por Fernando, un hombre casado con el que mantuvo una relación fugaz en Madrid. En la última cita, en una habitación de hotel en penumbra, ella se prometió que era la última vez, pero Fernando no le dio la oportunidad de rechazarlo: simplemente dejó de llamar. Ahora, mientras el tren avanza en la noche y ella cena sola en el vagón restaurante, siente el peso de esa decisión que no pudo tomar, de esa libertad que le fue arrebatada. Instalada en el piso de El Arenal, donde todo recuerda sus veranos pasados, la narradora comienza a buscar a alguien que cuide la casa. Encuentra una chica joven cuyo novio está en el servicio militar. Todo parece resolverse, pero nada llena el vacío que siente. Sus padres salen cada día hacia el puerto, se separan como buenos amigos, siguen sus pequeños rituales. Y ella, sin saber qué hacer con su libertad, decide que debe marcharse de allí. En Madrid, mientras todos hablan de viajes y planes estivales, ella quedará con Mario, un amigo que le hablará de un viaje a Oriente. Quizás ese sea el escape que necesita, un viaje que la aleje de la rutina que sofoca su vida.