En una fiesta de preparatorianos, Elena atiende bebidas desde la barra mientras negocia con sus amigos el dinero de las cervezas. A los dieciséis años, navega entre una casa donde su madre se ha entregado a un grupo religioso, un padre que…
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En una fiesta de preparatorianos, Elena atiende bebidas desde la barra mientras negocia con sus amigos el dinero de las cervezas. A los dieciséis años, navega entre una casa donde su madre se ha entregado a un grupo religioso, un padre que ha vuelto a beber, un hermano distante y las presiones de la adolescencia. La novela retrata los días de una muchacha que busca respirar en medio del caos familiar y las exigencias de crecer.
En la barra del sótano de una casa, Elena mezcla cócteles mientras sus compañeros de preparatoria debaten cerveza por cerveza. Aunque solo tiene dieciséis años, su rol informal de cantinera la coloca en el centro de una microeconomía social donde todo se negocia: el dinero, los favores, los afectos. A su alrededor pululan Malú, la organizadora despreocupada; Julia, la tesorera inflexible; Jorge, el bromista; Rosana, la serena; y Mauricio, un chico de Derecho que la persigue con un cortejo que ella rechaza con indiferencia burlona.
Fuera de las fiestas, Elena habita una casa donde todo se desmorona en silencio. Su madre, Sofía, ha encontrado salvación en un grupo religioso evangélico que se reúne cada jueves en su sala, cantando salmos desafinados y prometiendo milagros. Su padre, un hombre que alguna vez juró no volver a beber, ha regresado al alcohol con una regularidad que lo mantiene dormitando frente al televisor. Su hermano Carlos, ahogado en los estudios de Ingeniería, apenas aparece y cuando lo hace trae a Inés, su novia, cuya presencia la irrita de formas que no termina de comprender.
Elena estudia Geometría Analítica con la angustia de quien sabe que no le servirá para nada, responde cuestionarios de Orientación Vocacional que le sugieren ser veterinaria, odontóloga o ecologista, y fuma en secreto en la terraza de un Starbucks mientras inventa nombres falsos para recoger sus bebidas. Ella es la observadora, la que mira cómo su hermano acaricia a Inés mientras ella fingía estar de paso, la que ve cómo su madre busca en los rezadores lo que no encontró en su matrimonio, la que conoce exactamente el punto en el que su padre se rindió.
Entre la irreverencia de las fiestas y la quietud sofocante del hogar, Elena camina por esos meses finales de la preparatoria sostenida por una mezcla de cinismo, humor negro y la vaga esperanza de que algo, en algún momento, tenga sentido.