Dafya despierta en una tienda sin recuerdos, acosada por pesadillas de fuego. Un bosque arde a su alrededor, cuerpos quemados salpican el claro y una figura de capa negra con poder sobre las llamas la persigue.
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Dafya despierta en una tienda sin recuerdos, acosada por pesadillas de fuego. Un bosque arde a su alrededor, cuerpos quemados salpican el claro y una figura de capa negra con poder sobre las llamas la persigue. En el encuentro entre ambos ocurre algo inexplicable: una conexión que los ata a través del fuego. Rescatada por sacerdotes, la joven es reclutada para luchar en una guerra ancestral contra el ejército blanco, aunque no sabe quién es ni por qué el fuego la aterroriza tanto como la seduce.
Dafya abre los ojos en la oscuridad de una tienda, invadida por el terror de una pesadilla que no termina: fuego que abrasa piel, serpientes de luz que trepan y consumen. Cuando la realidad la golpea con su fuerza, descubre que el incendio no fue sueño. Un bosque arde. Los cuerpos quemados de soldados yacen dispersos entre los árboles. Las llamas la rodean, el humo la ahoga, y en medio del caos emerge una figura caminando entre las llamas con indiferencia sobrenatural: un hombre de capa negra y camisa blanca, un vaxer del ejército blanco, con poder absoluto sobre el fuego.
En el bosque incendiado ocurre algo que trasciende la lógica del combate. Cuando el vaxer la acorrala, la coge por el cuello con manos que arden, algo extraordinario sucede: sus cuerpos se funden en una conexión imposible. Dafya siente que estrangula su propia garganta, que sus límites corporales se desmoronan. El vaxer, desconcertado, también siente esta invasión de presencias que no alcanza a comprender.
Rescatada de las ruinas del combate, Dafya es llevada a un castillo donde un sacerdote de túnica roja intenta reconstruir sus memorias. La joven no recuerda nada: ni su nombre, ni su familia, ni su pasado. Solo fragmentos que resuenan en su mente vacía: conceptos heredados sobre una guerra secular contra el ejército blanco, prohibiciones sobre el blanco que debe teñirse de sangre, la certeza de que la nieve trae mala suerte. El sacerdote, con sonrisa amable pero incisiva, le revela que su familia murió luchando, que ella debe tomar su lugar en una guerra que ha durado más de trescientos años. Le cuenta del vaxer: un asesino que quema los cuerpos de sus víctimas para que no puedan recibir los rituales finales del reino.
Sin recuerdos que la anclen, sin identidad que reclame, Dafya es reclutada para el ejército. La guerra y el fuego, que en el bosque la aterrorizaron, comienzan a convertirse en algo más: una pregunta sin respuesta sobre quién es realmente, qué conexión existe entre ella y el vaxer del fuego, y si el poder que despertó en aquel encuentro imposible forma parte de su propia naturaleza.