En un pasadizo trasero de Palma, un padre chuta una pelota de plástico con su hijo entre labores dominicales. Esos breves encuentros tejen una obsesión que Joan Sans extiende a lo largo de toda una vida.
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En un pasadizo trasero de Palma, un padre chuta una pelota de plástico con su hijo entre labores dominicales. Esos breves encuentros tejen una obsesión que Joan Sans extiende a lo largo de toda una vida. En este libro, sus memorias se entretejen con la historia centenaria del Mallorca, el equipo que su padre amaba sin poder jugarlo, mostrando cómo el linaje familiar se transmite a través del deporte.
En un pasadizo trasero de Palma, junto a la casa de la abuela, un padre e hijo juegan con una pelota de plástico los domingos. El padre devuelve la pelota con la zurda mientras realiza sus faenas. Esos momentos breves, robados entre obligaciones, constituyen el primer acto de una obsesión que Joan Sans despliega en estas páginas.
El libro teje simultáneamente dos historias. La primera es una crónica familiar que comienza con el abuelo Juan Sans Clar, panadero durante cincuenta años en Calviá, hombre de rutinas inquebrantables que se levantaba a las cuatro de la mañana para labrar su oficio. En una ocasión le ofrecieron un vasto terreno en lo que sería Magaluf; rechazó la oportunidad porque la arena estéril no permitía cultivos. Su hijo, el padre del autor, rompió voluntariamente con el linaje artesanal, pero la herencia adoptó forma inesperada: la obsesión por el Mallorca, ese equipo que nunca pudo jugar.
Es en el pasadizo donde el padre transmite, casi sin saberlo, su propia imposibilidad al hijo. El primer partido en el estadio Lluís Sitjar, en agosto de 1984, marca el inicio. Un niño aburrido y somnoliento en una grada vieja, la derrota del equipo contra el Universidad Católica de Chile, un padre furioso: nada parecería auspicioso, pero algo se ha sembrado en esa tarde que no abandonará más.
La segunda parte del libro despliega la historia del Mallorca en sus cien años de existencia. Una institución que ha flirteado constantemente con su propia desaparición. La crónica comienza en 1916, cuando un aviador se estrelló contra una portería durante un acto promocional. Sigue con crisis económicas, años setenta donde los jugadores protestaban porque no tenían dinero para cenar, y la figura de Miquel Contestí, el presidente que salvó al club de la ruina mediante un pacto verbal con la Federación.
A través de estas historias cruzadas, Sans medita sobre cómo se transmite el linaje, cómo las pasiones irracionales se heredan sin razón aparente, y cómo el deporte se convierte en el lenguaje cifrado donde padre e hijo logran finalmente un contacto real.
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