En el puerto tropical de Weda, un hombre arruinado es echado del único bar que lo toleraba. Todd Martin debe dinero que jamás podrá pagar. Solo un comerciante compasivo le da dos dólares para comer.
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En el puerto tropical de Weda, un hombre arruinado es echado del único bar que lo toleraba. Todd Martin debe dinero que jamás podrá pagar. Solo un comerciante compasivo le da dos dólares para comer. En esas mismas calles, una mujer de cabello rojo aparece una y otra vez, observando desde las sombras. Mientras tanto, en otro punto del archipiélago, una pareja tramita un fraude asegurador que los enredará en una trama de consecuencias imprevisibles.
Weda, ciudad portuaria de las Molucas. Un hombre deshecho por los años transita las calles del puerto como una sombra. Todd Martin ha sido expulsado del último bar que lo fiaba. Sus deudas lo han alcanzado, y Hans Van Dine, su dueño, le cierra la puerta sin apelación. Sin dinero ni perspectiva, Todd come lo que encuentra y duerme donde puede.
Solo un francés, propietario de una cantina, le ofrece dos dólares sin que los pida. Es un gesto de compasión que humilla. Todd acepta, come caliente, y por un momento respira algo que no es desesperación.
Pero en esas mismas calles hay alguien que lo observa. Una mujer de cabello rojo intenso lo ha visto en la cantina del Francés. Luego aparece donde él come. Lleva ojos verdes que permanecen atentos, fijos. No bebe lo que pide. No come. Solo espera, sentada, mirando. Cuando Todd se marcha, ella se levanta y lo sigue.
Lejos de allí, en otra isla, Paul y Eva preparan algo que requiere coraje que Eva no tiene. Un sobre voluminoso con membrete de compañía aseguradora reposa en sus manos. Paul explica sin emoción: él es el cerebro, ella las manos que ejecutan. Lo que planean es necesario, dice. No hay alternativa. Eva debe actuar, debe viajar, debe hacer lo que temen hacer. El crimen tiene un precio que aún no conocen.
En las sombras del archipiélago, estas vidas convergen. Todd Martin, atrapado en la miseria del puerto. La mujer pelirroja, cuyas intenciones permanecen ocultas. Y la pareja que tramita fraude desde la distancia. La isla las contiene a todos, y sus destinos están a punto de entrelazarse.