Dos oficiales descienden a las entrañas de un templo abandonado en un bosque rebelde para encontrar a cuatro desaparecidos. En la oscuridad de túneles olvidados, donde cada paso dispara trampas antiguas y donde los glifos de civilizaciones…
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Dos oficiales descienden a las entrañas de un templo abandonado en un bosque rebelde para encontrar a cuatro desaparecidos. En la oscuridad de túneles olvidados, donde cada paso dispara trampas antiguas y donde los glifos de civilizaciones perdidas marcan caminos letales, descubren que algunos misterios no tienen respuesta segura. La isla guarda secretos que trascienden lo que cualquier guardia comprende, y el verdadero peligro acecha en niveles que van más allá de lo que puede medirse en pasos bajo tierra.
El comisario Algridas y el joven cadete Svarnas avanzan entre árboles nudosos que los rodean como guardianes de un mundo rebelde. Sus pasos siguen el rastro de cuatro desaparecidos: dos niños perdidos hace una semana en la ciudad, y dos hombres que se sumieron en la oscuridad hace apenas tres días. El comisario cree que cayeron en los túneles del templo de la serpiente, una estructura abandonada que cubre sistemas de pasadizos que nadie comprende del todo.
Las advertencias de un nativo kalánico resuenan aún en sus oídos: palabras de muerte, de serpientes que habitan las profundidades, de purificación que nunca llegará. Pero Algridas, curtido por veinte años de servicio en aquellas islas, no cree en los antiguos dioses ni en los demonios desolladores de las leyendas. Svarnas, por su parte, tiembla a cada paso, diciéndose que es superstición, aunque sus piernas traicionan esa convicción.
Dentro del templo, descubren la primera entrada secreta: un disco de hierro que cede bajo el peso de ambos, liberando un humo amarillento antes de revelar un tobogán de caliza que desciende hacia la nada. Se precipitan a través de él, emergen en cámaras que no aparecen en mapa alguno. Los muros están cubiertos de glifos que nadie puede leer: símbolos de una civilización tan antigua que incluso los nativos han olvidado su significado.
Con cada paso, el peligro se multiplica. Un ladrillo mal colocado dispara un mecanismo de muerte; los muros comienzan a cerrarse como las mandíbulas de una bestia. Encuentran cadáveres en descomposición, marcas de degollina, evidencia de rituales cuyo propósito permanece oscuro. Los cuatro desaparecidos no se perdieron: fueron atrapados en un sistema de trampas diseñado para algo más que detener intrusos.
Mientras tanto, en la ciudad, el capitán Gumnar Veler regresa de la guerra cubierto de honores y cicatrices. Sus amigos lo reciben en la taberna: Hamillarus, quien perdió un brazo en batalla pero ascendió a senador; Wil, poeta y vástago de poder político; Cavalia, pintora de la aristocracia. Bajo la alegría de su retorno flota una realidad más inquietante.
La isla entera parece tejida de secretos: senadores implicados en pactos ocultos, un doctor que realizaba rituales a dioses antiguos, desapariciones que la ciudad calla, poderes que trascienden el uniforme y la ley. El verdadero horror no habita solo en los túneles oscuros; también en los salones donde se toman decisiones, donde algunos hombres manejan fuerzas que muy pocos comprenden.