Un soldado mutilado regresa del campo de batalla obsesionado por una risa roja que lo rodea: una visión que surge del trauma de la guerra y que lo sigue implacablemente.
Descargar
Un soldado mutilado regresa del campo de batalla obsesionado por una risa roja que lo rodea: una visión que surge del trauma de la guerra y que lo sigue implacablemente. Presunto autor de estas memorias, el combatiente describe cómo esa risa sádica, que se burla del dolor humano y se goza en él, permea todos los espacios, enloquece a quienes la perciben y contagia su obsesión como una plaga. Andreyev eleva el relato desde las escenas de horror bélico hacia una visión profética de la Guerra como locura periódica que ataca a la humanidad, ante la cual no hay defensa posible.
Un soldado regresa del frente de la guerra ruso-japonesa transformado en una ruina física: sin ambas piernas, llevando consigo no solo sus heridas, sino una obsesión visual que ha brotado de su delirio. Durante el combate, en los momentos de privación extrema donde los hombres olvidan incluso la razón de su lucha, el soldado ha comenzado a ver algo que no cesa: una risa roja que lo rodea. No es una risa ordinaria, sino algo casi demoniaco, una presencia que se burla del sufrimiento humano y parece disfrutar de él. Esta visión, que surge en la mente del protagonista como una alucinación producto del horror, se vuelve cada vez más nítida, más real que la realidad misma.
En la retaguardia, cuando se cree que el horror ha terminado, la risa persiste. El mutilado no puede escapar de ella. Permea su hogar, su vida cotidiana. Y más perturbador aún: contagia su obsesión a su hermano, quien nunca fue a la guerra pero que ahora, conviviendo con el superviviente, comienza también a verla. La risa roja es ubicua, se filtra por todas partes, enloqueciendo a quienes la perciben.
Andreyev construye esta narrativa como un viaje desde la materialidad brutal del horror de guerra hacia una visión profética y apocalíptica. Lo que comienza siendo un documento sobre la guerra ruso-japonesa se transforma gradualmente en una reflexión sobre la Guerra como tal: la plaga universal que periódicamente ataca a la humanidad, esa locura colectiva ante la cual ningún esfuerzo racional, ninguna predicación pacifista, puede prevalecer. La risa roja es el símbolo de esta inevitabilidad, de una fuerza que escapa al control humano y ante la cual solo queda la espera pasiva de que pase.
Sin ofrecer consuelo alguno, Andreyev deja al lector sobrecogido por un terror místico ante esa risa que tiñe todo de sangre, que todo lo llena con su color, que comunica a todo un sabor de sangre. Como explorador del horror, el autor se muestra insuperable en estas páginas, desplegando un naturalismo implacable que solo gradualmente cede a lo visionario.