En el último piso de un edificio modernista barcelonés, una psicóloga infantil despierta con los lametones cariñosos de su perro y comparte un encuentro con Pablo bajo la ducha.
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En el último piso de un edificio modernista barcelonés, una psicóloga infantil despierta con los lametones cariñosos de su perro y comparte un encuentro con Pablo bajo la ducha. Susana vive en equilibrio entre su vocación profesional y una relación amorosa que después de años de espera florece en el hogar que comparten. La sombra de traumas pasados —la muerte de su madre hace dos años— permanece en su corazón, mientras que el regreso de su hermana desde París promete reabrir las heridas familiares.
En la calle Córcega de Barcelona, en un edificio restaurado de la época modernista, Susana despierta cada mañana al sonido de su despertador, recibida siempre por los lametones cariñosos de su perro setter irlandés. Son momentos que marcan el ritmo de una vida ordenada, dedicada y reflexiva. Psicóloga infantil de profesión, Susana ha construido su carrera con precisión y ternura, motivada desde los dieciséis años por un encuentro que cambió su destino: una niña solitaria en el patio del colegio a la que se acercó sin dudarlo.
Junto a Pablo, su pareja, Susana comparte la vida que durante tanto tiempo esperaron poder tener bajo el mismo techo. Después de años de lucha y espera, finalmente se instalaron en el piso que representa todo lo que habían soñado. Viven momentos simples y plenos: paseos por la Diagonal con su perro, conversaciones hasta altas horas, películas en casa. Cada día es una reafirmación de lo que han logrado juntos, conscientes de estar viviendo su mejor etapa.
Sin embargo, bajo esta superficie de armonía, persisten las cicatrices de un duelo que marcó profundamente a la familia Jiménez. La muerte de su madre hace dos años por cáncer dejó un vacío que Susana aún carga. Fue ella quien se entregó en cuerpo y alma a cuidarla en sus últimos meses, manteniendo una relación que trascendía los límites convencionales madre e hija. La pérdida resquebrajó a la familia de formas que siguen presentes: su padre quedó sumido en una tristeza de la que probablemente nunca se recuperará del todo, y su hermana Marta huyó a París para sufrir en soledad.
Ahora Marta regresa a Barcelona después de años. Su vuelta promete reavivar no solo los lazos familiares, sino también reabrir heridas que apenas comienzan a cicatrizar. Susana se prepara para este encuentro mientras navega los ritmos de su vida cotidiana: su trabajo con niños en la consulta, sus relaciones vecinales, el amor que comparte con Pablo. Cada momento parece equilibrado, pero la llegada de su hermana introduce una incertidumbre que puede alterarlo todo.