Un muchacho de quince años observa desde un muelle de Bideford cómo un veterano marinero recluta hombres para una expedición hacia el Caribe. Las historias de tesoros de plata, la lealtad a la Reina Isabel y la promesa de gloria en el…
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Un muchacho de quince años observa desde un muelle de Bideford cómo un veterano marinero recluta hombres para una expedición hacia el Caribe. Las historias de tesoros de plata, la lealtad a la Reina Isabel y la promesa de gloria en el enfrentamiento contra España despiertan en él una sed de aventura. Amyas Leigh abandona su vida segura y se lanza hacia un destino de piraterías, batallas navales y encuentros que lo transformarán en hombre.
En el puerto de Bideford, en el norte de Devon, durante el verano de 1575, un joven escolar camina entre los muelles observando los navíos con anhelo. Cuando presencia cómo John Oxenham, marinero curtido de rostro encendido, recluta marineros para zarpar hacia el Caribe, el muchacho no puede contenerse. Oxenham relata cómo Francis Drake y su puñado de hombres asaltaron Nombre de Dios, cómo enfrentó a los españoles con audacia. Porta un quetzal en el sombrero como trofeo y presume de conocer el camino hacia los tesoros americanos.
Amyas Leigh, hijo de caballero, apenas con quince años, se acerca a Oxenham con la determinación de quien desea más que nada sumarse a esa aventura. Le ofrece luchar por un cuerno grabado con mapas. Oxenham, impresionado por su coraje, lo anima a hablar con su padre. La puerta hacia una transformación radical se abre: de escolar sofocado por la vida segura de la tierra a marino que enfrentará océanos, cañones españoles y su propia naturaleza en formación.
Charles Kingsley escribió esta novela en el siglo XIX ambientándola en la época de gloria naval inglesa, cuando España e Inglaterra competían por el dominio de los mares. Su prosa celebra a los marineros de Devon cuyas gestas sentaron las bases del imperio británico. Pero bajo la aventura late la convicción religiosa del autor: su rechazo al catolicismo español, a la Inquisición que representa. Los personajes españoles encarnan la corrupción papista; los ingleses personifican protestantismo, libertad y valor. La epopeya marítima se entrelaza así con la polémica religiosa de la época victoriana.
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