En el circo Hagen, Miss Maud realiza un acto ecuestre que termina en fracaso. Fuera de control tras caer, golpea brutalmente a su caballo. El payaso veterano Ferruccio la confronta sin piedad, cuestionándola sobre su vejez.
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En el circo Hagen, Miss Maud realiza un acto ecuestre que termina en fracaso. Fuera de control tras caer, golpea brutalmente a su caballo. El payaso veterano Ferruccio la confronta sin piedad, cuestionándola sobre su vejez. Cuando llegan dos nuevos trapecistas italianos, la joven y bella Celeste despierta en Ferruccio una atracción que lo perturba profundamente.
En el Gran Circo Hagen, Miss Maud realiza su número como amazona. Monta al viejo Dancer, un caballo blanco y sumiso, en un acto que incluye ejercicios acrobáticos sobre la pista circular. Cuando intenta un salto complicado hacia la plataforma sobre el lomo del animal, cae vergonzosamente ante los espectadores. Algunos ríen, otros expresan piedad. La caída es humillante, y Miss Maud se retira del ruedo temblando de ira.
En el patio apartado de las cuadras, dominada por frustración y orgullo herido, descarga toda su rabia contra Dancer, golpeándolo una y otra vez con su fusta. El caballo, asustado, intenta escapar del castigo injusto. Karl, un hombrecillo deformado que trabaja en el circo, acude para defender al animal. Sus palabras calmadas y sus caricias hacia Dancer no hacen sino intensificar la tensión. Miss Maud vuelca su furia también contra Karl, golpeándolo.
La intervención de Ferruccio Ascanio, el payaso estrella del circo, detiene la violencia. Ferruccio sujeta el brazo de Miss Maud e implacablemente le dice verdades crudas: que es despreciable, que su fracaso es culpa de su vejez, que debe aceptar su edad. Sus palabras la helan más profundamente que cualquier golpe físico. El payaso ordena que cuiden a Dancer y que Karl lo espere en su habitación.
Mientras Miss Maud duerme sedada, Ferruccio reflexiona sobre cómo convencerla de abandonar el circo. Pero aplausos inesperados interrumpen sus pensamientos. Una nueva pareja de artistas, trapecistas que se presentan como ‘las Águilas humanas’, ha cosechado un éxito notable. Cuando estos suben del ruedo, Ferruccio queda sorprendido. La mujer es joven, hermosa, de cabellera rubia ondulante. Es Celeste, italiana, nacida en Nápoles. Su compañero es Muller, atlético y musculoso.
Al conocerla, Ferruccio experimenta una reacción inesperada. El contacto de su mano lo perturba. Su perfume sutil lo cautiva. Celeste, que habla italiano con Ferruccio, irradia una juventud que lo transforma. El payaso siente que su sangre se calienta de un modo que no esperaba. Coronel Hagen los invita a celebrar con champagne en su despacho, dando inicio a un nuevo capítulo de pasiones en el circo.