César Riezu, empresario millonario y presidente del Real Madrid, permanece en el palco del estadio minutos antes de que empiece el partido. Mientras negocia con los personajes clave del poder político y empresarial que lo rodean, sus…
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César Riezu, empresario millonario y presidente del Real Madrid, permanece en el palco del estadio minutos antes de que empiece el partido. Mientras negocia con los personajes clave del poder político y empresarial que lo rodean, sus pensamientos oscilan entre la ansiedad de los negocios en marcha—un proyecto inmobiliario en Riad, una licencia urbanística que retiene la alcaldesa—y la superstición que rige sus actos. En ese espacio donde convergen el fútbol, la política y las altas finanzas, Riezu encarna a un hombre atrapado en la carrera perpetua de acumular poder y fortuna.
En el palco de un estadio madrileño, minutos antes de que empiece un partido, César Riezu aguarda con los nervios a flor de piel. Su cabeza grande, sus gafas pesadas, sus manos pequeñas de dedos gruesos que oculta en los bolsillos: los detalles físicos de Riezu dibujan a un hombre incómodo en su propia corporalidad, aunque confortablemente instalado en el ejercicio del poder. Como presidente del Real Madrid y empresario millonario, ha aprendido que el fútbol facilita los negocios, aunque él sea más hombre de transacciones que de pasión deportiva.
Su mente está en otro lado: en Riad, donde un consorcio pugna por construir el edificio más alto del mundo. Millones de euros en juego, una operación que solo se sella una o dos veces en la vida. Pero también en la alcaldesa, que retiene sin razón la licencia para vender la parcela vieja del club, dinero necesario para drenar deuda y fichar jugadores. Los nervios que lo atenaczan son los de un millonario condenado a ansiedad perpetua: no basta ser rico, hay que serlo continuamente más.
En el palco convergen los hilos del poder político y empresarial. Está Javier Alvarellos, recién designado presidente del Gobierno esa mañana. Su figura se ha mimetizado con el cargo: todo en él brilla con precisión, desde los zapatos perfectamente atados hasta la corbata impecable. También Chamberlain, veterano presidente del Arsenal, encarna una filosofía donde la ambición desmedida se desaconsejaba en favor de vida más larga.
Pero hay otra presencia: Claudia Aibar, consejera de Caja Nacional, cuya belleza y capacidad de creer en ideas la han convertido en promesa irrefrenable. Los rumores la incluyen en casi todas las apuestas sobre futuros ministros. Su fulgor incesante merece fe, y Alvarellos valora en ella esa fuerza de convicción que inspira espíritus indecisos.
Mientras llueve y los equipos juegan sin estilo pero con efectividad, Riezu y Alvarellos negocian: la licencia urbanística, la formación del gobierno, los nombres de los ministerios. En este mundo donde el fútbol, la política y los negocios se funden en lógica retorcida, donde cada conversación es transacción velada, Riezu existe en el incómodo espacio de quien ha observado, ejercido y sufrido el poder.