Ireneo Morente, sociólogo de cuarenta años, recorre Barcelona entre su despacho lleno de estadísticas sobre el colapso de Occidente, las conversaciones con su padre —un prestigioso cardiólogo que cuestiona la fe—, y las noches en el pub de…
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Ireneo Morente, sociólogo de cuarenta años, recorre Barcelona entre su despacho lleno de estadísticas sobre el colapso de Occidente, las conversaciones con su padre —un prestigioso cardiólogo que cuestiona la fe—, y las noches en el pub de lujo donde su amante Lupe se mueve con la naturalidad de quien ha visto demasiado. En esta novela, el narrador se asoma al abismo entre su vida intelectual y sus placeres sin culpa, entre lo que predica y lo que practica.
Ireneo Morente, sociólogo de cuarenta años, vive en Barcelona creyendo comprender poco de lo que sucede en el mundo. Su profesión le permite estudiar masas, comportamientos colectivos, tendencias demográficas, pero sus conclusiones lo llenan de escepticismo corrosivo. Su despacho está equipado con ordenadores que generan estadísticas alarmantes: solo doce de cada cien habitantes son blancos. Esto alimenta sus conversaciones con su padre, Óscar Morente, un reputado cardiólogo del hospital Clínico que comparte una visión pesimista del futuro de Occidente.
Su padre rechaza cualquier creencia religiosa y cree que los occidentales se suicidan demográficamente, que serán esclavos de otras razas en el siglo XXI. El tictac de los relojes que colecciona le recuerda el latido del corazón; cuando el electroencefalograma se aplana, muere la persona, no cuando el corazón deja de latir.
Pero Ireneo no es el intelectual desapegado que parece. Vive con comodidad mayor que la de Felipe II. Su pasión es el ajedrez, ese juego de cálculo e intuición. Tiene una sirvienta de un pueblo de Almería que lo ama calladamente. Su amante oficial es Lupe, quien regenta un pub de alterne en la zona alta. Ella es su opuesto: vive la experiencia directamente, donde aprende que el ser humano es pura zoología sin alma. En el pub desfilan quinceañeras, banqueros, políticos y ocasionalmente curas. Lupe declara que el único libro que necesita es el pub mismo.
Ireneo se reconoce como el primer corrupto, como su padre le señala: persigue dólares, vuela por toda Europa, lleva a su sirvienta a la cama, disfruta de una amante que lo conoce completamente. Entre sus contradicciones vive: critica la corrupción de Occidente mientras abraza sus placeres, teoriza sobre el colapso mientras se deja llevar por el hedonismo. En esta novela, el narrador es su propia contradicción: un intelectual que diagnostica el fin de una civilización mientras sigue siendo parte de su decadencia.
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