En los alrededores de la oficina de la Compañía de Diligencias Keyes y Walter, un empleado sudoroso lidia con preguntas desesperadas. Una diligencia lleva más de cuatro horas de retraso.
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En los alrededores de la oficina de la Compañía de Diligencias Keyes y Walter, un empleado sudoroso lidia con preguntas desesperadas. Una diligencia lleva más de cuatro horas de retraso. En semanas recientes, la compañía ha perdido tres vehículos en accidentes que parecen deliberados, lo que amenaza su supervivencia. Ellen Keyes, la joven propietaria, ha contratado a "Doc" Silver Hands, un pistolero de reputación, para investigar el misterio. Silver llega en la cuarta diligencia, que es destruida por una roca desprendida de un acantilado. Sobrevive milagrosamente y se autoprocla ma sheriff para comenzar su búsqueda de la verdad.
En las dependencias de la Compañía de Diligencias Keyes y Walter reina la inquietud. Un empleado exhausto soporta interrogatorios de decenas de curiosos: ¿se sabe algo de la diligencia que debería haber llegado hace horas? Algunos murmuran sobre accidentes previos; otros juran que los vehículos de la compañía están malditos.
En el despacho, Ellen Keyes y su socio Sam Walter contemplan el abismo. En apenas un mes han perdido tres diligencias. Una se precipitó al río, otra se incendió sin causa aparente, una tercera se estrelló en un barranco. Aunque el oro de la Compañía Minera permanecía intacto en los restos, el daño a la reputación es irreparable. Los pasajeros desaparecen. El contrato minero corre peligro. Sam, agotado, cree que todo está perdido. Pero Ellen, que heredó el negocio, ha actuado. Contrató a “Doc” Silver Hands, un pistolero de reputación conocida.
En un sendero de montaña, una diligencia avanza entre altas paredes de roca. El conductor y el vigilante no sospechan nada. Un pasajero con levita negra viaja adentro: Silver Hands. Cuando encuentran un peñasco en el camino, Silver baja para ayudar. En ese instante, una roca gigantesca se desprendida del acantilado y cae como un bólido sobre el vehículo, reduciéndolo a astillas. El conductor, el vigilante y el pasajero mueren despedazados. Silver sobrevive por centímetros.
Al llegar a la oficina, Silver entrega la carta que le fue enviada. Ellen lo reconoce: aquí está su hombre. Sam descubre horrorizado que ella ha contratado a un pistolero. Silver lo corrige: no alquila sus revólveres. Pero acepta quedarse, porque le gusta la aventura.
Mientras Sam tiembla, Silver se prende una estrella plateada en el pecho. Es sheriff ahora. Se la nombró a sí mismo con absoluta tranquilidad, empuñando sus revólveres como justificación. Momentos después, el administrador de la Compañía Minera llama a la puerta para anular el contrato.
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