Una invitación de boda cae sobre la mesita de centro de Leesa. Es de Benedict, su exprometido, quien se atreve a invitarla a su boda. Leesa, una exmodela que ha renunciado a los refectores para trabajar como directora de Operaciones VIP en…
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Una invitación de boda cae sobre la mesita de centro de Leesa. Es de Benedict, su exprometido, quien se atreve a invitarla a su boda. Leesa, una exmodela que ha renunciado a los refectores para trabajar como directora de Operaciones VIP en un club de playa exclusivo en Saint-Tropez, canaliza su rabia en su nuevo trabajo. Pero en las sombras está Kadon Kingcaid, el millonario heredero que dirige el club, observándola en silencio, esperando el día en que ella finalmente reconozca que aquello que busca ya está a su lado.
La invitación cae sobre la mesita de centro: rosa, con bordes festoneados y caligrafía delicada. Es de Benedict, su exprometido, quien tiene la osadía de invitar a su boda. Leesa la contempla durante quince minutos, sintiendo cómo la rabia la recorre como un río embravecido. Es una herida que insiste en abrirse, un recordatorio de un pasado que aún duele. Hace nueve meses que no habla con sus padres, quienes desaprobaron su decisión de abandonar la carrera de modelo a los veintiséis años. Rechazaron su libertad de elección, su necesidad de ser ella misma y no lo que otros esperaban.
Ahora Leesa trabaja como directora de Operaciones VIP en el Kingcaid Beach Club Saint Tropez, un refugio exclusivo en la costa francesa donde los privilegiados del mundo buscan discreción absoluta y lujo sin límites. La temporada es corta e implacable: de marzo a octubre, trabajando todos los días de la semana, garantizando que cada detalle de la estancia de los clientes más importantes sea perfecto. Es agotador, pero hay algo más que la mantiene en ese lugar.
Kadon Kingcaid, el millonario heredero que dirige el club, no es lo que su linaje prometería. Podría haber elegido la vida de los trajes y las juntas directivas, pero en cambio lleva el pelo largo hasta los hombros, viste ropa informal, y su espíritu parece más cercano al de los surfistas de la playa que al de un magnate. Lo que nadie ve es la carga que lleva: culpas profundas, recuerdos que lo despiertan bañado en sudor en mitad de la noche.
Cuando Kadon regresa de la boda de su hermano Nolen con el pelo cortado por insistencia de su madre, Leesa no puede contener la risa. Pero ambos saben que hay algo más en el aire entre ellos. Porque Kadon ha estado esperando pacientemente, confiando en que algún día ella vea lo que él ya comprende: que el amor que busca está más cerca de lo que imagina, en alguien que ha estado observándola en silencio.