En la parada de autobús de un pueblo británico, los ancianos se agrupan defensivos ante la sola presencia de niños, como caravanas en territorio hostil.
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En la parada de autobús de un pueblo británico, los ancianos se agrupan defensivos ante la sola presencia de niños, como caravanas en territorio hostil. Este libro examina cómo el sentimentalismo de las teorías educativas románticas ha transformado la infancia británica en una experiencia de analfabetismo, ignorancia y violencia, a pesar de costes educativos históricos.
La infancia en Gran Bretaña experimenta un deterioro sin precedentes. En una parada de autobús de cualquier pueblo, los ancianos se agrupan en círculo protector, asustados por la sola presencia de grupos de niños, como las caravanas de colonos en territorio hostil. Esta imagen abre un análisis sobre cómo el sentimentalismo de las teorías educativas románticas ha degradado sistemáticamente a toda una generación. El libro documenta el aumento de la violencia ejercida por y contra menores: hospitales reportan incrementos del cincuenta por ciento en cinco años; decenas de miles de estudiantes son expulsados anualmente por atacar a profesores; médicos son amenazados y agredidos por padres. Pero más allá de la violencia, la tragedia es intelectual. Estudiantes que han pasado once años en educación obligatoria no pueden leer un texto simple, tropiezan con palabras de tres sílabas y responden a preguntas matemáticas básicas con: «No lo hemos dado». El culpable, sostiene el autor, son las ideas románticas que dominan la educación desde hace más de un siglo. Influenciadas por Rousseau y sus seguidores, estas teorías presuponen que los niños nacen buenos, dotados de virtudes innatas y curiosidad natural, y que la educación formal solo corrompe. La enseñanza verdadera consistiría en permitir que aprendan por sí solos, mediante el juego y la exploración espontánea, sin la disciplina de la memorización. Los resultados revelan el alcance del fracaso: a pesar de que el gasto por alumno se ha cuadriplicado desde 1950, el nivel de alfabetización se ha estancado o decrecido. En zonas pobres, casi toda una generación ha sido condenada a la ignorancia funcional. El autor relata casos significativos: jóvenes incapaces de deducir que la Segunda Guerra Mundial fue la segunda guerra, desconocedores de hechos históricos básicos, sin capacidad aritmética elemental. El libro traza cómo pequeños actos de violencia generan un clima de intimidación que paraliza todo el sistema. Un médico de cabecera agredido extiende bajas médicas sin verificarlas. Padres amenazan a maestros que intentan establecer disciplina. El miedo reemplaza al rigor y la ignorancia se perpetúa como ciclo intergeneracional.
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