Un jurado exculpa al joven que mató a su hermano por unos pantalones; en Barcelona se absuelven dos guardias civiles de patear la cabeza de un detenido hasta su muerte.
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Un jurado exculpa al joven que mató a su hermano por unos pantalones; en Barcelona se absuelven dos guardias civiles de patear la cabeza de un detenido hasta su muerte. Estas contradicciones de la justicia inauguran un volumen de reflexiones sobre los absurdos contemporáneos. El autor despliega una perplejidad serena ante la inversión sistemática de acusaciones, los falsos méritos que justifican nuestras acciones, la corrupción convertida en moneda común. Cada artículo es un acto de precisión irónica contra las hipocresías que aceptamos sin cuestionar.
Un periódico trae dos informaciones sobre la justicia que resulta imposible no vincular. Un jurado exculpa a un joven de diecisiete años que mató a su hermano con un cuchillo, argumentando que nunca tuvo intención de causarle la muerte, pese a que lo hizo. En la misma página, dos guardias civiles son absueltos de haber pateado la cabeza de un detenido hasta causarle la muerte, porque no quedaba claro cuál de los dos propinó la patada funesta. Con esta escena de perplejidad inicial, el autor inicia una travesía por los absurdos contemporáneos que estructuran nuestras vidas y nuestras justificaciones. Este libro reúne ciento cuatro artículos publicados entre 1996 y 1998 en las páginas dominicales de diversos periódicos españoles. En ellos el autor ejercita una reflexión serena pero implacable sobre los falsos prestigios que aceptamos sin cuestionamiento: el sufrimiento como justificación en sí misma, el amor como catástrofe natural que absolve traiciones, la compasión que ofende a quien la recibe. Observa cómo la sociedad ha naturalizado una inversión de acusaciones donde quien está en falta se anticipa acusando a su damnificado, como si el ataque fuera la mejor defensa en todos los órdenes. La corrupción, la venalidad, la mentira, la manipulación se han convertido en moneda tan corriente que carecen ya de significado y valor, lo que paradójicamente otorga un salvoconducto para perpetuarlas. Con una voz irónica pero nunca airada, el autor registra estas contradicciones del mundo: desde los absurdos judiciales hasta los falsos méritos del sufrimiento colectivo, desde las hipocresías de una prensa que denuncia lo que practica hasta los pequeños maltratos de una aerolínea que justifica sus procedimientos mediante empleados educados. Cada pieza es un acto de precisión contra las fórmulas vacías que todos repetimos, contra la complacencia con que aceptamos que las palabras pierdan sentido. No se trata de una denuncia altisonante, sino de una perplejidad profunda ante la imposibilidad de comprender qué es lo que ocurre realmente.
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