Este libro abre en el Congreso de los Diputados, donde Ada Colau confronta a la banca exponiendo cómo más de 400.000 desahucios han arrastrado a familias a la ruina.
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Este libro abre en el Congreso de los Diputados, donde Ada Colau confronta a la banca exponiendo cómo más de 400.000 desahucios han arrastrado a familias a la ruina. La obra analiza un procedimiento legal de 1909 que permite perseguir deudas de por vida, y una industria financiera que presionó para desregular el mercado durante la burbuja inmobiliaria. A través del testimonio de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, revela las consecuencias humanas de un sistema que antepone los mercados a la dignidad de las personas.
Cuando una familia no puede pagar la hipoteca, comienza un procedimiento sin excepciones. El desempleo, la enfermedad, los hijos no importan. En España, el préstamo recae sobre la persona, no sobre la casa. Cuando el banco se adjudica la vivienda en subasta, la deuda no desaparece: crece con intereses, persiguiendo al deudor y sus avalistas durante toda la vida.
Este libro acompaña a Ada Colau y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en su confrontación contra un sistema que ha arrastrado a más de 400.000 familias a la exclusión absoluta. La obra detiene la mirada en la realidad cotidiana: hogares destrozados, presión bancaria incesante, humillación, miedo, personas que elegían entre pagar al banco o alimentar a sus hijos, avalistas que veían hundirse el patrimonio familiar sin poder hacer nada.
El análisis expone cómo los bancos presionaron para desregular el mercado hipotecario, inflando tasaciones, falsificando documentos, seduciendo clientes con promesas imposibles. Cuando estalló la crisis, la misma industria que generó el caos utilizó un procedimiento legal de 1909 para cobrar sin consideración. Esta ley no fue reformada durante décadas: fue empeorada.
El libro captura el momento en que la indignación trasciende de las reuniones de la PAH al Congreso de los Diputados. Ada Colau confronta a la patronal bancaria con la verdad de miles de vidas destruidas. La comparecencia parlamentaria se convierte en símbolo de una democracia que tolera vulneraciones sistemáticas de derechos humanos, donde los intereses de los mercados se anteponen a la dignidad de las personas.